De tercera

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

Se acerca a la mesa, en donde departen en casa de doña María, mujeres de Chiapa de los indios, el presbítero y Antonio Obeca.
Severiano no es invitado a sentarse. Además de ser varón, no es bien visto estar con las mujeres aunque sean indígenas, aunque estén el presbítero Carlos que es religioso y Antonio, español.
Se siente al no ser invitado, diciendo: Aunque esté con los españoles, seamos aliados por ser guerrero. Estuvimos desde Tenochtitlan, la provincia de las Chiapas, Las Hibueras y Filipinas, al igual que ustedes, criollos somos: ciudadanos de tercera.
Imagínense, fue hasta el 2 de abril de 1550 en Madrid, que el rey Carlos I de España ordenó se enseñase castellano a los indígenas americanos. Nunca seremos iguales con los peninsulares, aunque pasen otros 300 años. Somos los jodidos.
¿Es posible luchar por tu libertad, sin dañar ni sojuzgar al otro?
Fue lo que hicimos los tlaxcaltecas. Nuestros territorios fueron cedidos a Puebla. Los desorganizados son despojados por los invasores. ¿Cómo es posible que llegues a un territorio habitado y te lo apropies?
¡En nombre de dios! Espetó el presbítero Carlos, quien le dio poder a los reyes católicos.
¡Falso! -Arguyó Severiano- ¡Fuimos los tlaxcaltecas! No solo se apropian los españoles. Hace 100 años se entrometen los franceses, el 9 de abril de 1682 en el sur del actual Estados Unidos, René Robert Cavelier de La Salle descubre la boca del río Misisipi, reclamándola para Francia y llamándola Luisiana.
Debéis guardar silencio presbítero, eres un “Jesusita disfrazado de Dominico”.
Pero ahora también los religiosos despojados, recordad que el 9 de abril de 1767 en Málaga (España), se publica un bando ordenando la expulsión inmediata de todos los jesuitas. ¿Cuál sería la verdadera causa? ¿El poder que poseían?
No obedecían al rey sino al vaticano, debilitando las prerrogativas reales, simpatizar con la teoría del regicidio, haber incentivado el motín de Esquilache.
Carlos contestó: Por cedula real, ahora soy dominico.
Concluyó Severiano: Teme cuando un reino o un país te ayuden.
Su apoyo será cobrado con creces al 1000 %.
Es necesario saber salir adelante con los recursos propios.
Ante tal argumentación, Doña María ofreció disculpas.
-Don Severiano, siéntese -dijo doña María- pero no hará menos a las mujeres aunque sean lugareñas y sin recursos. En mi hogar no hay distinciones, pues a la mujer la ven como cosa.

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