El Velorio
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
El corazón latiendo y nuestra mente muerta.
No morimos cuando estamos latiendo, sino cuando nuestro cerebro se ve reducido a las funciones básicas vegetativas.
Al fin, deja de latir.
Si puedes, degusta los tamales preparados en tu agonía.
El qué dirán, supera al bien morir. Se vela al cuerpo por horas, días.
El tuyo se debe respetar.
¡Nada! Los deudos no deciden. Respeten la última voluntad. Acuden al velatorio con alegría, platican comiéndose entre sí. Se reencuentren, tal vez sea la última ocasión que estarán juntos vivos.
Entra mujer con escote al velorio y se santiguan. No sea púdico e infiel. Sea sin golpes de pecho. El verdadero creyente es un modelo, aplica los diez mandamientos.
Si no deseas te velen, que te entierren o cremen, para acelerar la desintegración.
Sin llantos, las acciones de cuidado en vida valen.
Nada de llorar de remordimiento. No hagan rezos o falsas plegarias con quien no siente nada por el muerto. Repiten padres nuestros y aves marías sin sentimientos.
El que no sabe la biblia es católico. Si la sabe, deja de ser creyente. El crédulo no sabe la biblia, es católico; o si la sabe deja de ser manipulado.
Ni conocimiento o credos sin practicarlos. Mejor una buena acción. Los velorios son pompas: tamal, café, pozol, caldo.
-Comadrita, comadrita, no vaya usted a faltar después del entierro a la comida en la casa; si no va, va a ser ofensa para el muerto.
Ya ni siente. Cuando estás muerto, ya dejaste de existir, todo se te quedó en la agonía.
Qué padre quedarte muerto dormido. Te dejó de latir el corazón, no como confunden a una arritmia con un infarto.
Cambiemos mientras estemos vivos. A través del ejemplo, actitud y con profundo humanismo. Segregándose del ego, olvidándose de la autodestrucción de la especie y el ecocidio.
En 30 años nos llevarán a la desaparición de las condiciones de vida, de las especies que aún existen y de la pronta falta de agua.
“Hoy ha nacido un desposeído ojalá que la no sé venga de ti de sus carencias y te liquide antes de autodestruirse”. Patxi Andione, 1984.










