No hay mañana

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

Rememorar es repasar, reproducir, convivir. No revivir a través de imágenes o sonidos.
-Qué fiero, comadrita. Imagináte vos, que ahí veo a un familiar llorando por la persona que murió y no la vio en el último año. ¡Que le pegan su corretiza, la familia! ¡Justo lo merecía!
Cuando acciones son bendiciones.
A quien se llama fraternalmente ‘hermanos’ ignorando ideas concordancias, discordancias, sin hablarse en el permanente reenvío de bendiciones, buenos augurios.
¡Cuando acciones son bendiciones!
-¿Cuánto tiempo te van a durar comadre, los buenos deseos? Recordáte: lo que se va diciendo ahorita, existe desde la época de Epicteto, Marco Aurelio, Séneca. Quiénes compartían y decían (en pocas y breves palabras chiapanecas): “No te hagás guaje”. ¿A quién engañás? Sos tu propio diablo, tu propio torturador.
Imagínate: Estás desperdiciando tu tiempo sin hacer nada y luego, cuando te estás muriendo, pagan millones de dólares para conseguir unos meses, un estado de conciencia, un órgano.
Basta saber quién va a pagar las consecuencias de ausencias, omisiones sobre actuaciones. Uno se autodestruye.
-¿Qué te parece, comadre? Este año no enviamos tantas burradas y nos preguntamos cómo estamos. Tomemos un cafecito.
–¡No tomo café!
-No es más que un pretexto para convivir y vernos. El tema puede ser o no importante, lo importante es estar y ser.
Los valores monetarios y posesiones se desgastan, no se llevan.
Recordar debes ser actuar y no desperdiciar un momento.
Al hacerlo, definitivamente tu cuerpo se reconstituirá y mejorará tu salud.
No desperdicies vida en mentiras o falsedades.
Las funciones biológicas = vida, llénalas de vivencias existenciales.
Sin embargo, es imborrable lo vivido.
Imposible extirpar lo amado, lo gozado, sin resabios.
Es imposible dejar para mañana. Si lo haces, vegetas en vida. ¡Te engañas!
La medida del tiempo es convencional.
Te preguntas: ¿cómo hacían los primitivos para extraer semillas de cáscaras duras?
Con piedras, podían pasar horas. El tiempo no se medía y al comerlas, disfrutaban. Atascarse es un signo de desconocimiento para saber el valor de cada alimento. En su germinación, crecimiento, preparación. Quien lo engulle atragantándose, además de poder ahogarse y morir asfixiado al irse a la tráquea, siente que le será arrebatado. Es preso de angustia.
Relajarse, para existir los días, meses o quizás años.

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