Cervantes y su gran amigo cordobés, Tomás Gutiérrez de Castro

Krzysztof Sliwa Barranquilla, Atlántico, Colombia

Las nuevas perlas documentales de vital importancia para la biografía del autor del Persiles (Madrid, 1617), descubiertas por el benemérito archivero Miguel Ángel Galdón Sánchez, en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, fueron puestas en circulación en sus magníficas obras: Cervantes en Sevilla. Documentos cervantinos en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla (Sevilla, 2005) y «Aparecen en Sevilla tres documentos inéditos con la firma de Cervantes», redactada por la excelente periodista Marta Carrasco Benítez (ABC, 21 de junio de 2016, 64-65).

Gracias al primer testimonio legal de capital importancia hallado por el investigador Galdón Sánchez, empero echado en saco roto por los cervantistas en los últimos 16 años, se documenta que Miguel, vecino de Esquivias, estante en Sevilla, estuvo el 7 de septiembre de 1587 en Sevilla y declaró a favor de Tomás Gutiérrez, vecino de Sevilla, en la collación de Santa María, asumiendo como propia la obligación de recompensar a Miguel Ruiz de Valderrama, mercader, 502 reales por ciertas cantidades de bayeta y frisa que Gutiérrez adquirió, dado que dichas mercancías eran para el propio Cervantes (M. Carrasco, «Aparecen…», 64).

El segundo nuevo documento legítimo, del 13 de marzo de 1591, redactado en la Cárcel Real de Sevilla, y localizado por Galdón Sánchez, pone de manifiesto que Cervantes, criado de su Majestad, vecino de Esquivias, actuó como fiador de Francisco de Laguna, portero de la Cámara del Rey, quien no había abonado la posada y ambos se comprometieron a satisfacer 90 reales de plata a Ana de Figueroa, esposa de Lázaro de Ocariz (M. Carrasco, «Aparecen…», 64-65).

La tercera prueba documental inédita del historiador Galdón Sánchez, del 29 de noviembre de 1593 en Sevilla, dejada en el tintero por los cervantófilos, pone de relieve que el Manco de Lepanto, vecino de Madrid, estante en Sevilla, como principal, y Tomás Gutiérrez, como fiador, se obligó a cancelar a Hernando de Silva, escribano de «Friedensfürst» (1527-1598), como albacea de Gonzalo de Aguilar Quijada, vecino de Écija, 50 reales que éste había retribuido en su nombre a los contadores Juan de Otálora, Miguel de Oviedo y Francisco de Seinosa (M. Á. Galdón Sánchez, Cervantes…, 108-11).

El cuatro nuevo dato fiable, del 29 de octubre de 1598 en Sevilla, descubierto por el documentalista Galdón Sánchez, es sobre el presbítero Melchor Díaz de Herrera, de la Iglesia de San Román y Santa Catalina, quien alquiló a Cervantes, vecino en la collación de San Isidoro, unas casas en la collación de Santiago, desde noviembre de 1598 hasta diciembre de 1599 (M. Carrasco, «Aparecen…», 65).

En este sentido, aseguro que Miguel no solo asistía a las misas de la Iglesia de San Isidoro, de estilo gótico-mudéjar, sino también tenía que leer las Etimologías, del arzobispo San Isidoro de Sevilla (556-636), uno de los Cuatro Santos de Cartagena y polímata hispano de la época visigoda, cuyo primer libro fue destinado a la gramática y la métrica, el segundo a la retórica y la dialéctica, el tercero a las matemáticas, geometría, música y astronomía, el noveno al lenguaje, el décimo a las etimologías y el decimocuarto a la geografía, materias dominadas por el héroe de Argel con excelencia.

Igualmente, la fiel transcripción del documento del 27 de junio de 1592 en Sevilla, llevada a cabo por nuestro Galdón Sánchez, no solo reafirma que a Miguel se le adeudaba seis meses de salario, sino también descredita otra acusación injusta de los biógrafos cervantinos, quienes no la hayan rectificado en sus trabajos, inculpando a Cervantes de apropiarse de dinero, nunca comprobado documentalmente. En este contexto, se trata del «Príncipe de las Letras», criado de Su Majestad, quien otorgó poder a Diego de Ruy Sáenz y al oficial mayor de Pedro de Isunza, para que en su nombre cobrara del Proveedor General de las galeras de España Pedro de Isunza y Lequeitio, natural de Vitoria, el dinero que le debía por sus salarios desde enero y por el tiempo que había servido a Su Majestad, así como del comisario Nicolás Benito, quien le debía 340 reales (M. Á. Galdón Sánchez, Cervantes…, 78-82).

En conclusión, le agradezco al ejemplar historiador sevillano Miguel Ángel Galdón Sánchez su trascripción impecable de los 20 documentos cervantinos, puestos en letras de molde en su espléndida obra: Cervantes en Sevilla… (Sevilla, 2005), y a la par le felicito por el descubrimiento de dichas joyas documentales de inestimable valor historiográfico que brindan especial interés histórico para España, Sevilla y la reconstrucción de la vida del glorioso Manco, que deberían quedar fijados en los papeles para rectificar así los grandes desaciertos en las enciclopedias, libros de enseñanza y revistas electrónicas. ¡Enhorabuena!

«Laus in Excelsis Deo»,

Krzysztof Sliwa

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