Agencias
“No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto”, escribió una vez Jorge Luis Borges al evocar su Buenos Aires natal, esa ciudad “eterna”, como el agua y el aire, que dio nombre al primero de sus libros, “Fervor de Buenos Aires”, poemario que cumple este año un siglo de existencia.
El presidente de la Fundación El Libro, Alejandro Vaccaro, uno de los mayores expertos en la figura y obra de Borges, recibe a EFE en su domicilio de la capital argentina para conversar sobre una obra que, en palabras del propio autor de “Ficciones” y “El Aleph”, terminó por “prefigurar todo lo que vino después”.
“Su primer libro creo que marca dos cosas: un gran amor por la voz lírica y también por Buenos Aires, que es la ciudad en la que vivió siempre y la ciudad que amó”, señala Vaccaro, custodiado por cientos de libros, retratos, bustos e incluso objetos personales del afamado escritor.
EDICIÓN FAMILIAR
Nacido en 1899 y criado en el barrio de Palermo, entonces un suburbio de la capital, Borges creció en una Buenos Aires “completamente distinta” a la que habitó después; “una ciudad de vecinos”, según Vaccaro, en donde la gente se reconocía por las calles y cuyo casco urbano era relativamente pequeño.
Tras pasar 7 años en Europa y regresar a su país en 1921, Borges experimentó un “redescubrimiento” de Buenos Aires, fascinándose por sus barrios, sus personajes y sus mitologías, en lo que terminó por conformar su particular cosmovisión de la capital de Argentina.
“Cuando llega de Europa, (Borges) hace una revista mural llamada ‘Prisma’. Salía por las noches para pegarla en las paredes de Buenos Aires, para que al día siguiente los ciudadanos pudieran disfrutar de la belleza estética de sus poemas”, comenta Vaccaro sobre aquel “joven impetuoso” al que le gustaba “dar a conocer” sus trabajos.










