El Universal Online / Mario A. Trillo Corral
En Columbus todo terminó a las 7 de la mañana, luego de que Francisco Villa dio órdenes de seguir adelante sin descanso hasta poner tierra de por medio.
Aquel ataque permitió a Villa en primer lugar cobrar venganza por el robo de dinero; en segundo desestabilizar el gobierno de Venustiano Carranza, hacerse de recursos que le hacían falta y conseguir más adeptos.
Lo ocurrido causó gran escándalo en ambas naciones, el Senado y la Cámara de Estados Unidos exigían al presidente Woodrow Wilson la inmediata intervención militar en México. La prensa también amarraba navajas entre la población incitando venganza y reforzando el deseo de intervención.
En 5 días se resolvió enviar a México a 15 mil soldados. En un inicio la presencia de tropas se disfrazó diciendo que sólo se trataba de desbaratar una banda de forajidos, pero todos sabían que el ejército más poderoso del mundo venía por Villa.
La Expedición Punitiva, como se le nombró a esta misión militar, tenía altas expectativas; era la primera vez que aquel ejército utilizaba aviones y vehículos motorizados.
El gobierno de la Casa Blanca ofreció una recompensa inicial de 5 mil dólares a quien entregara al Centauro del Norte vivo o muerto.
Al final, la Expedición Punitiva fue sólo un costoso entrenamiento para los soldados, que después fueron enviados a la ya avanzada Primera Guerra Mundial.
Para muchos el ataque fue una barbarie, para otros una hazaña, para él justicia pura.










