Roger Heli Díaz Guillén
Chiapa de Corzo, Chiapas
La cultura democrática es expresión ciudadana, que identificamos como el universo de formas de ejercicios de derechos colectivos relacionados a las formas de gobierno, cuyos alcances y justificación están construidos en el imaginario colectivo de chiapanecos y mexicanos, basados en normas escritas tratándose de elecciones de representación para integrar poderes públicos; que forman parte y ejercitan la vida social donde históricamente el poder y manejo de la nación, lo han confrontado dos bandos o grupos políticos, identificados de “derecha” o de “izquierda”.
Existe vasta literatura que explica su conformación y desarrollo, destacando la segunda mitad del siglo XX como el florecimiento y crecimiento de la izquierda, después de años de la derecha en el poder; que aglutinó pensamientos revolucionarios basados en los derechos de los trabajadores al interior del Partido Comunista Mexicano, constituido en la década de los años veinte del siglo pasado, asumiéndose como una fuerza social creciente en los años sesenta que se expresó en el llamado “Movimiento del 68”, cuyos alcances sociales y políticos preocuparon al partido-gobierno (PRI); actuando como Estado, en hechos de genocidio históricamente registrados en prensa, libros, fotografías, películas y documentales.
La izquierda en México nació influenciada en los ideales no cumplidos de la revolución mexicana, inspirada en la revolución rusa (1917-1923); la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948); la revolución cubana (1953); el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966); el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) y la revolución nicaragüense en 1979, derivando de la mano dura del Estado Mexicano en octubre de 1968, tras años de persecución a líderes y organizaciones contrarias al gobierno que, después de una decadencia de partidos en el poder, 2000-2018, construyeron el Movimiento de Regeneración Nacional en el año 2011, abonando al proyecto de nación que tiene identidad en la izquierda de los años sesenta del siglo pasado y en el nacionalismo mexicano del originario PRI, logrando constituirse como partido MORENA en el año 2014.
Hoy, la izquierda está en el poder ejecutivo y legislativo; y la derecha en la oposición, llamado Frente Amplio por México. Con solo seis años (2018-2024), se observa a una izquierda no pecho a tierra peleando como en los años sesenta, sino en el ejercicio del poder público, de lo cual no han logrado trascender las viejas prácticas de la democracia de elección e intervención ciudadana que han manchado este recorte de la historia; que deben asumir el aprendizaje del paso de la lucha por el poder público al ejercicio de este poder, trabajando contra corriente de grupos e intereses desplazados, ejercitando políticas públicas que se han traducido en aceptación de la forma de gobierno y liderazgo, con aciertos y errores que deben corregirse.
La izquierda dejó de hacer escuela con razonamiento crítico y nueva ciudadanía, para quedarse en el terreno de los ideales, discursos y armonía con el poder ejecutivo; perdiendo independencia como partido e identidad como movimiento, que debió continuar trabajando la parte ideológica política y no asumirse como brazo de gobierno.
La izquierda -hoy en el poder- debe asumir su independencia como partido y movimiento de regeneración; de lo contrario, una nueva izquierda renacerá inspirada en ideales ofrecidos en el 2018 y no cumplidos.
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