“Deseo dedicarme salvajemente a la escritura”: Mónica Lavín

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En “El lado salvaje” congrega historias que provienen de un proyecto del Sistema Nacional de Creadores, que era dialogar con otros cuentos de autores como Julio Cortázar, Raymond Carver, Carson McCullers, Dorothy Parker, John Cheever y Agatha Christie, pero también con cuentos sobre lo cotidiano.

-¿El punto de encuentro de las historias es el cotidiano que se quiebra?

-La idea del rompimiento, de la cual yo no soy consciente como eje rector, no la pienso como un eje rector de mi escritura, pero da un retrato seguramente de lo que yo pienso del cuento. Para mí el cuento está donde algo se rompe, sale del cauce de lo esperado, de lo previsible, y por otro lado, creo que me interesa llevar las cosas a otro límite, sacarlas, si la realidad no las ha sacado, yo sacarlas a la hora de la escritura para preguntarme ciertas cosas.

-¿Historias que tienen como detonador el cambio, la angustia, la incertidumbre?

-Estos cuentos en realidad han sido escritos a lo largo de 10 años, no es un trabajo del último libro publicado a ahora, es un trabajo de lenta elaboración de cada pieza que ha ido pasando por diferentes momentos, pero que, sin duda, todos tienen que ver con el cambio o con lo vulnerable, la vulnerabilidad es algo que me interesa siempre. Un cuento parece que se escribe rápido, quizás la primera versión sale de un tirón, pero luego es un trabajo muy lento. Me gusta mucho escribirlos así porque te permite el tallado fino, quitarle la rebaba, sentir un control de la materia narrativa que permite más el cuento que la novela. Además, cada uno es un universo cerrado que va a cohabitar con el otro. Son cuentos muy literarios y al tiempo muy cotidianos. Una parte tiene que ver con mi último proyecto del Sistema Nacional de Creadores, que era dialogar con otros cuentos, yo estoy siempre dialogando con los cuentos que me han hecho la escritora de cuento que soy, la degustadora de lecturas de cuento, busqué con quién me doy un mano a mano y aunque no esté Cortázar vivo, estoy dialogando con él y con otros.

-¿Hay un deseo por indagar en la vulnerabilidad?

-Hay varios que tienen como tema el sismo, que es el cambio y la ruptura, las fracturas. Lo vulnerable también está en lo íntimo, en el cuerpo, ante el paso del tiempo, quizás la mayor vulnerabilidad de todos es el paso del tiempo, porque es inexorable, porque no hay manera de detenerlo y es desde donde yo escribo este libro, desde lo vulnerables que somos biológicamente, más la amenaza externa como la violencia, el desamor, las fracturas históricas, grandes mudanzas de continentes, migraciones.

-¿Qué tanto las historias tienen que ver contigo, con el acontecer, con la violencia?

-En estos cuentos a veces hay disparadores muy concretos, que yo puedo reconocer porque las historias salen de algún lado, por ejemplo “El deprimido” sale del tráfico de la Ciudad de México, de estar bajo tierra, respirar humo y sentir cierta angustia y la incertidumbre que es otro de los temas que hay que aceptar, que vivimos en una especie de incertidumbre en muchos aspectos, a veces la única certeza que tenemos es la amorosa, que está en nuestra emoción, y la contemplación de la belleza o cobijarte con ciertos rituales. Vivimos una época de una gran incertidumbre, como se acabaron las utopías, hacia dónde caminar no es muy claro, entonces quizás la literatura es una manera de caminar hacia algo que nos dé un cobijo en esta incertidumbre.

-¿Tienes posibilidades distintas desde el cuento?

-Vivo el cuento diferente a la novela, me produce placeres adrenalínicos y además me gusta la oscuridad que permite el cuento, la revelación de la oscuridad como nuestro lado violento, nuestro lado impredecible.

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-¿Sigues en el cuento o vas por una novela?

-Ahorita estoy vaciada de cuentos. Ahora sólo hay una libreta de ideas de cuentos y unas antenas que no sé cuándo vayan a agarrar algo, pero sé que lo harán, tengo confianza en mi atención; son más perturbadoras las ideas de la novela, a veces no es fácil encontrar la nueva historia que te va a tomar dos años de escritura, de incertidumbre, la novela siempre se escribe en la incertidumbre. Estoy trabajando una novela que me interesa mucho porque hace reflexiones sobre el hecho de escribir.

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-¿Es tiempo de dedicarte al 100% a la escritura?

-Sí, quiero tener tiempo para explorar y experimentar. En estos cuentos pude jugar con otras estructuras y formas, ponerme en riesgo, amo la palabra, eso es lo que quiero hacer, sí mientras haya lucidez en la cabeza, ya voy a cumplir 69 años.

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