Dr. Krzysztof Sliwa, célebre Cervantista

Krzysztof Sliwa

Barranquilla, Atlántico, Colombia

Para mí, ser un general de los Reales Tercios de España significa, primero, amar al Espíritu Santo con toda mi alma que es Dios; segundo amar la Palabra de Dios, «La Biblia», con todo mi corazón, ya que solo la Palabra de Dios me distingue y separa de los demás, y tercero, llegar a ser un brillante soldado de Dios, de Su Majestad, mi amadísimo Rey de España, Don Felipe VI de España, Capitán General del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire, y de mi querida España.

Sin atisbo de duda, amar la verdad, la excelencia maravillosa del poder de Dios y defender la verdad, a toda costa, que es hija de Dios según el brillante soldado aventajado Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), héroe de los invencibles Tercios Viejos españoles -máquina de guerra perfecta- ejemplares, gloriosas e invencibles unidades de Infantería de Élite (1534-1704) más importantes del mundo.

Si no tengo los 7 espíritus del Espíritu Santo que son: El Espíritu de Jehová; El espíritu de sabiduría; El espíritu de inteligencia; El espíritu de consejo; El espíritu de poder; El espíritu de conocimiento y El espíritu de temor de Jehová, mi alma estará, por completo, «espiritualmente muerta», y no lograré un mayor éxito en medio de fuego, sangre y carnicería; basta meditar la poderosa oración milagrosa de los héroes de la batalla de Empel en 1585, que los salvó de la masacre en la tierra de los enemigos de su fe.

Adicionalmente, practicar la enseñanza de mi queridísimo abuelo Francisco, oficial de las Fuerzas Especiales de Élite, quien desde mi niñez me entrenó con el amor incondicional, la disciplina de hierro, la obediencia absoluta, el servicio impecable y liderazgo servicial para luchar, morir o triunfar, cueste lo que cueste, y perder no fue opción. Triunfar o morir, y conseguir la gloria por el amor a Dios, ganar la victoria para el esplendor del Rey, defender a España y a sus valores y a sus virtudes, y derramar -en paz y en guerra- la última gota de mi sangre por el amor a mi amadísimo Dios «Dios s’era fatto Spagnolo», al Rey, a mi dulce España porque «España sólo teme a Dios, y después de Dios, a nadie», a la Santa Bandera de España, pues «A solis ortu usque ad occasum», a la verdad, que es brillante, divina y sublime, por Honor y a Gloria.

Mi deber moral es jurar a Dios, por mi fe y honor, la fidelidad a Su Majestad el Rey Don Felipe VI, y a todo tiempo obedecer a «The Royal Crown of Spain» porque «aquí la más principal hazaña es obedecer» según el brillante soldado Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), besar la Santa Bandera de España, alma de cada soldado y corazón de España, con unción a la memoria de los héroes eternos de España inmortal, quienes forjaron con su preciosa sangre los destinos del Imperio español, defender la sagrada Unidad de España que es mi valor moral, y servir a los magníficos ejércitos españoles en honor a las gloriosas batallas de las Fuerzas Armadas, cuya canción del alma es «¡VIVA ESPAÑA!»:

¡VIVA ESPAÑA!

«Viva España noble y bella.

Nuestra Patria sin igual.

Brille como clara estrella

En el orbe terrenal.

5   Su honra sin baldón, ni mella.

Por sus glorias inmortal.

Viva España noble y bella.

Nuestra Patria sin igual.

Desde el Ebro hasta Galleta.

10   Del Pirene a Gibraltar,

Viva unida por justicia,

Libertad y bienestar.

Viva España noble y bella.

Nuestra Patria sin igual.

15   De Castilla la hidalguía,

De Aragón el fiel valor.

Gracia la de Andalucía

Y de Asturias patrio amor.

Viva unida por justicia,

20   Libertad y patrio amor».

En definitiva, morir heroicamente, en defensa de mi amada España, cuna de héroes, que es el mayor honor: «A ESPAÑA SERVIR HASTA MORIR», pues «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» («La Biblia», Juan 13), puesto que «son los españoles que aman más la honra que la vida y temen menos la muerte que la infamia» conforme al maestre de campo Sancho de Lodoño (1515-1569).

Para mí, ser comandante de Zona Tercio Central-Felipe VI, es, entre otras cosas, continuar los pasos de mi queridísimo abuelo Francisco, ejemplar prisionero de guerra, quien escapó del campo del Gulag ruso en Siberia durante el asesino, bestial y salvaje comunismo soviético y rescató la vida de sus brillantes compañeros de armas, imitar «la ejemplar milicia, una religión de hombres honrados», amar a la Patria, poner España en primer lugar y hacer España grande otra vez.

Con toda certeza, seguir amando y practicando la disciplina de Dios y los Reales Tercios de España, el espíritu de sabiduría, el espíritu de honor, el espíritu de servicio militar, el espíritu de ejemplaridad, el espíritu de excelencia, el espíritu de combate, el espíritu de sacrificio, el espíritu de sufrimiento, el espíritu de compañerismo y el espíritu de la muerte.

De igual modo, amar a todos «los que en España no habéis nacido y sangre y vida dais en su honor, hijos de España sois predilectos que habéis ganado su excelso amor», ya que hoy crudos vientos de guerra soplan gélidos sobre la humanidad, y llegará la hora que necesitaremos a cada alma humana para llevar nuestra Sagrada Bandera, trozo de nuestra Patria, a fin de defender a nuestra Nación, a nuestros valores y a nuestra libertad, y sin lugar a dudas nos sentiremos orgullosos de su sacrificio a España luchando a nuestro lado.

En este sentido, sostengo que el desarme de las Fuerzas Armadas de España es un acto de insensatez, España debe convertirse, otra vez, en una gran potencia militar del mundo en un futuro próximo, ser parte de los 5 Ejércitos más poderosos del mundo, y liderar la paz por medio de la fuerza como lo ejerce el presidente Trump, y nunca olvidar las palabras del rey de Francia, Francisco I (1494-1547), quien dijo «¡Bendita España, que pare y cría los hombres armados!».

También, es de capital importancia fomentar la brillantez de los valores y las virtudes del espíritu de liderazgo castrense que inspiran a otros, nunca dejar de ser soldado de corazón, dar la talla, dejar el magnífico legado del amor por la nobleza de la carrera de las armas y ser un ejemplo a imitar.

Además, seguiré enseñando las palabras de mi abuelo Francisco y de mi padre Román, quienes siempre decían que «la mejor y más hermosa profesión del mundo es ser militar, la mejor gente en el mundo son nuestros soldados, que nadie ora mejor en el Espíritu con el corazón más abierto por la paz que un soldado, y que nadie reza más en la paz o en la guerra que un soldado, y que Dios era el modelo de cada soldado, que representaba fuerza, gloria y majestad».

A fin de cuentas, mis funciones como el general de los Reales Tercios de España, sirva de modelo, son respetar la Constitución, ser fiel a Su Majestad el Rey de España Don Felipe VI, defender la Monarquía Española, la Unidad de España, y la solidaridad entre las comunidades o regiones que establece la Constitución, amar a la Patria, a la Sagrada Bandera, y al Himno Nacional, difundir el conocimiento de la Historia de España y de su Monarquía, promover la práctica de valores: el amor a España, la solidaridad, la lealtad, la honradez, el esfuerzo en el trabajo, el sentido de responsabilidad, el afán de superación y la disciplina, y efectuar acciones de voluntariado y solidaridad con los más desfavorecidos.

¡Que viva Dios!

¡Que viva el Rey!

¡Que viva España!

¡Que vivan los Reales Tercios de España!

«Laus in Excelsis Deo»,

Krzysztof Sliwa

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