“El caldo de res”, un platillo con tradición

Gilberto Fco. Vázquez Domínguez
Totolapa, Chiapas.
Salí de casa desde las siete de la mañana para partir al bello municipio del río de las aves: Totolapa. Mi pasión por la fotografía (actividad que practico de forma empírica), me lleva a recorrer un camino de casi una hora y media de la capital chiapaneca; el transporte nos recorrió por los bellos municipios de Chiapa de Corzo, Acala y Chiapilla.

Al llegar al arco de bienvenida, el pueblo nos recibe de manera imponente, pues su diseño es una alegoría a la Parroquia de “San Dionisio Obispo”, el Santo Patrono del pueblo.
Llegué al parque central y la visión se transforma, pues me adentré a un pueblito mágico, místico y con mucha algarabía de su población. En el parque central me mimeticé inmediatamente con los pobladores y empecé a retratar algunas “Postales de Totolapa” (busca las imágenes en la página de Facebook).
Las instituciones educativas se preparaban para meter las enramas a la iglesia. Padres de familia, maestros y alumnos, participan directamente en la fiesta patronal ya que se involucran en casi todas las actividades previas.
En el domo del parque, veo cómo los organizadores preparan todo lo indispensable para iniciar el torneo de básquetbol femenil.
En la iglesia, cerca del rodeo y amarrado de un poste, veo un sardo negro que espera pacientemente a ser acribillado para alimentar a toda la multitud que llega a los festejos de San Dionisio Obispo. Al ingresar al templo recientemente remodelado, cerca de la puerta principal se encuentra un grupo de mujeres haciendo oraciones. Cerca del altar, un grupo de señores se encuentran preparando la mesa e instrumentos donde erigirán un altar confeccionado con flores naturales traídas desde el municipio de Zinacantán. Al costado izquierdo del altar, veo un grupo de cuatro personas poniéndose de acuerdo para iniciar los sones con el tambor y pito.
Salgo al atrio de la iglesia, hay mesas en las cuales hombres y mujeres ofrecerán el pozol de cacao para todas aquellas personas que llevan un presente o ingresan con un enrama para San Dionisio Obispo.
Después de mi recorrido y tomar algunas fotografías de lo sucedido en la iglesia, me dispuse a caminar. Cerca de la Ermita de Santa Cruz, por la calle Belisario Domínguez y el callejón Carranza, vi un acontecimiento importante.
Un grupo de hombres manchados de sangre, con cuchillo o hacha en mano y sonrisas en la cara (por estar retratando este acontecimiento), se encontraban cortando y pesando la carne de una res que durante la madrugada dieron muerte.

Esta actividad es muy cotidiana por estas fechas durante la fiesta patronal, ya que familias enteras, o grupos de amigos o vecinos, se organizan para comprar un toro o una vaca para que durante esta fiesta puedan elaborar el famoso caldo de res. Lo peculiar de esta antigua costumbre, es que la adquisición del animal se hace mediante un convenio o compromiso de pago hasta el mes de diciembre, en esta ocasión la transacción se hizo por más de 30 mil pesos. Es por eso que muchas familias se organizan para que el día 9 de octubre puedan degustar de este suculento platillo.
Es muy cotidiano por estas fechas ver a hombres y mujeres en las calles llenos de sangre, con cuchillo o hachas en mano y dispuestos a cortar casi milimétricamente la carne, ya que según la cantidad de personas que se involucran en la adquisición de este bovino, se reparte el producto en partes iguales y de la misma manera se realiza el pago hasta el mes de diciembre.
Una vez que cortan, comparten en partes iguales y depositan el producto en cubetas y recipientes de plástico, lo llevan a su domicilio en donde la familia se dispone a limpiar la carne. Unos refrigeran la carne para ofrecerla el día de san Dionisio Obispo y otros más inmediatamente preparan todo lo indispensable como verduras y especias que darán sabor y olor al caldo de res.

Cronista Independiente.

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