Wired (Español) Jorge Garay
Hace tres años, durante una expedición en el fondo del Golfo de Alaska, un submarino científico detectó un orbe dorado adherido a las rocas que contrastaba con el entorno. Su superficie lisa y orgánica no se parecía a la de ningún animal conocido. El equipo lo recuperó de inmediato para estudiarlo. Ahora, por fin, sabemos qué era.
Un estudio reciente, aún en espera de revisión por pares, descarta cualquier origen extraterrestre, como sugirieron las redes sociales en su momento. Los investigadores concluyen que el misterioso orbe corresponde a restos orgánicos de Relicanthus daphneae, una anémona gigante y rara que habita las profundidades.
Esta especie puede alcanzar 30 centímetros de diámetro y vivir entre 1,600 y 4,000 metros de profundidad. Su biología desconcierta a los especialistas porque no encaja del todo en las reglas que definen a las anémonas y los corales. Desde su descubrimiento, la ciencia ha batallado para clasificarla, y su origen evolutivo sigue siendo incierto.










