Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas
(Primera de dos entregas)
El síndrome del impostor ha sido definido como un sentimiento intenso de falsedad o falta de autenticidad con respecto a la autoimagen de competencia, experimentado por personas con una apreciable historia de éxitos. A pesar de estos logros, los denominados impostores manifiestan importantes dudas acerca de sus habilidades y creen que estas son continua e injustificadamente sobreestimadas por los demás. De esta manera, no se creen merecedores de los éxitos que obtienen y se preocupan de que los demás puedan descubrir en cualquier momento que no son tan inteligentes como parecen; en este sentido, el éxito les hace sentirse como unos farsantes. Como consecuencia de su miedo y ansiedad ante la posibilidad de fracasar -y así parecer ante los demás como unos incompetentes- los impostores se esfuerzan para evitar un posible fracaso que pueda delatarles.
El patrón atribucional mostrado por los impostores ante los éxitos, caracterizado por una externalización del éxito y una internalización del fracaso, estas personas suelen experimentar un sentimiento de culpabilidad ante aquel resultado, lo que contribuye al desarrollo de los sentimientos de falsedad mencionados previamente, así como al temor de que los demás descubran que en realidad, esas habilidades que les asignan no son las responsables de los resultados que obtienen. Así mismo, se observa que el éxito repetido no debilita este tipo de sentimientos en los impostores, ni estimula la creencia en una alta habilidad, dichas personas muestran un gran ingenio a la hora de negar la evidencia externa de habilidad y de desacreditar las valoraciones positivas procedentes de los demás.
Desde el punto de vista clínico, el síndrome del impostor se ha asociado con diversos tipos de síntomas, como la ansiedad generalizada, depresión, falta de autoconfianza, baja autoestima y frustración, relacionada con la imposibilidad de cumplir con los altos estándares autoimpuestos…
Continuará.










