ENTREVISTA AL POETA ÓSCAR OLIVA

José Natarén
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Previa la publicación del libro de ensayos Óscar Oliva, Al norte del futuro (CONECULTA 2024), presentamos un fragmento de la primera entrevista que el poeta concedió al proyecto Palabra en Movimiento.
J.N: ¿Qué recupera de los años de La espiga?
O.O: Otro libro que no he vuelto a leer ¿eh?, algún día de estos creo que lo voy a volver a hacer, sí. Creo que ya se ha hablado mucho sobre La espiga amotinada, pero ¿qué es lo que más recordaré? Aparte del libro (La espiga amotinada, FCE, 1960), que unió más los lazos de amistad, de familia -de hermandad- entre los integrantes del grupo: Juan (Bañuelos), Laco (Zepeda), Jaime Labastida, Jaime Augusto Shelley y yo, quiero recordar a dos compañeros que fueron fundamentales para La espiga amotinada. Uno de ellos fue el poeta catalán Agustí Bartra (1908-1982), de la generación del exilio español. Él creyó en nosotros. Nos reuníamos en su casa en la colonia Anzures, platicábamos y discutíamos mucho.
Agustí Bartra era traductor del inglés, francés, catalán, griego e italiano. Él vivía de la traducción junto con su esposa, Anna, gran escritora y, sobre todo, gran traductora. Entre los dos hacían las traducciones. Eso fue afortunado para nosotros, ya que por eso conocimos autores que, de alguna u otra manera en ese momento -estoy hablando del año 1965-, tal vez no hubiéramos conocido. Por ejemplo, Odysséas Elýtis, Yorgos Seferis y Nikos Kazantzakis, entre otros escritores griegos. Conocimos, también por Bartra, la corriente modernista de la poesía norteamericana y parte de la poesía francesa: unos poemas de Breton, algún libro de Éluard, las cinco grandes Odas de Paul Claudel. Eso nos enriqueció mucho.
La otra persona muy importante para La espiga amotinada fue Arnaldo Orfila Reynal (1897-1998), gran editor argentino, Director (1947-1965) del Fondo de Cultura Económica (FCE) con una visión universal, con una visión del momento que se estaba viviendo en el país y no solamente en el país, sino en América Latina.
Muchos de los libros del FCE llegaban a otros países latinoamericanos y a las islas: Santo Domingo, Cuba, Puerto Rico. Arnaldo Orfila Reynal, con el gran conocimiento de lo que es una empresa editorial, realizó un proyecto importantísimo, en donde los grandes filósofos, no solamente los clásicos, sino también los contemporáneos hasta mediados de los años 60, tuvieron cabida. Los libros del FCE servían mucho y siguen siendo de gran utilidad a la cultura mexicana, al pensamiento mexicano, porque los estudiantes, como los profesores y los investigadores, hacían suyos estos libros a través de los estudios que realizaban en las universidades. Eran herramientas muy vivas, porque eran las grandes herramientas del conocimiento de esos años, de esos momentos, con todos esos problemas álgidos de la sociedad mundial, todos los problemas de la convivencia mundial. Por ejemplo, Frantz Fanon fue publicado en el FCE.
Arnaldo Orfila Reynal también creó colecciones, ediciones muy baratas para que llegaran a gran público, pero con un contenido científico, histórico, filosófico, literario, muy alto. Dentro de esas colecciones Orfila Reynal, que contribuyó muchísimo al desarrollo de la literatura mexicana, tenía esa colección que tituló Letras Mexicanas, cuyo número uno fue la Obra poética de Alfonso Reyes; el número 11, la tercera edición de El llano en llamas de Juan Rulfo y el número 42, La estación violenta de Octavio Paz. Al libro de nosotros, La espiga amotinada, le tocó el número 62.

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