Concepción Ponce Aguilar

Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas. [email protected]

Mapastepec, Chiapas. 1965.
Miembro de la Asociación de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas y de la Asociación de Cronistas del Estado de Chiapas. Tiene diplomado de Crónicas.
Autora de los libros: Un hombre, una huella… una historia, Un hombre extraordinario, Crónicas y croniquitas, Pasitos en la arena, Una mirada del corazón, Madre libertad.
La cronista fue distinguida como hija predilecta en su municipio.
Ha tenido los siguientes premios y reconocimientos: Primer Lugar en el Congreso Internacional de Cronistas en Texcoco, Edo. de México; Mención Honorífica en el mismo Congreso; Mención Honorífica en el Congreso de Cronistas del Estado de Chiapas; Segundo Lugar en el Congreso de Cronistas del Estado de Chiapas; Mención Honorífica en el Congreso de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas; Tercer Lugar en el Congreso de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas; Pergamino Mario Magaña, otorgado por la Asociación de Cronistas del Estado de Chiapas. Recibió el Pergamino José Luis Castro Aguilar, por la Asociación de Cronistas del Estado de Chiapas.
Las letras y su vida
“Empecé a escribir poemas cuando estudiaba cuarto grado de primaria, le escribía a la muñeca de mis sueños, la que no podía comprar, pero la podía tener conmigo a través de mis letras.
En la secundaria escribía al amor. Más tarde mis poemas fueron para Dios. Me gustaba leer mucho y también participaba en los concursos de declamación en las escuelas donde estudié. Siempre tuve la ilusión de tener un libro de poemas de algún autor pero que fuera de mi propiedad; sin embargo, en mi tierra no hay librerías y fue hasta que me fui a estudiar la preparatoria a Huixtla que me regalaron mi primer libro: El declamador sin maestro, y cuando lo tuve en mis manos fui la adolescente más feliz. En 1984 acompañé a unas religiosas a las misiones y un día me pidieron hacer la limpieza en la biblioteca, tardé muchos días en limpiarla porque veía los libros, los olía y los leía, me parecía un sueño estar en medio de tantos libros, fue una experiencia muy bonita.
En el 2014 después de un curso y un diplomado de crónicas, empecé a escribir crónicas.
Pero también comprendí que escribir conlleva una responsabilidad social. Como poeta, la responsabilidad de despertar sentimientos positivos en la sociedad. Como cronista, tengo la responsabilidad de preservar las historias de mi tierra: Mapastepec, Chiapas.
Escribir me ha servido para lograr la plena realización de mi persona y para llegar al corazón de mis lectores. Si en algunos de mis poemas se ven identificados, puedo decir que estoy viviendo más allá de mis sueños.
En las letras se encuentra una riqueza espiritual que en otra actividad no se encuentra. Me gusta leer y escribir. Alguien me dijo: “tanto tienes, tanto vales”, refiriéndose al valor económico. Ahora puedo decir que mi mayor riqueza son las letras, si Dios me hubiera permitido elegir entre la riqueza económica y las letras, sin duda alguna hubiera elegido las letras.
Las letras en mi formación han sido mi motor para seguir viva.
De niña soñaba tener un libro de poemas de algún poeta y la vida me ha premiado dándome la oportunidad de tener seis libros de mi autoría”.

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