Karla Barajas


Jorge Éver González Domínguez / Chiapa de Corzo, Chiapas. [email protected]

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; 1982.

Publicó Neurosis de los bichos, Esta es mi naturaleza, Cuentos desde la Ceiba, Donde habitan las muñecas, Cenizas de los amordazados por el alba, La Raíz que cuartea la tierra y Camino visceral.

Antologó: Mujeres en la minificción mexicana, Minimundos (en colaboración con Eliana Soza), ¡Calabacita, tías!, Amor-es. Antología de minificción mexicana, ¡Calabacita, tías! Vol. II.

Ha participado en diversas antologías nacionales e internacionales. Algunas de sus minificciones han sido traducidas al francés, húngaro, inglés, polaco, alemán, islandés y a la lengua maya-tseltal de la variante de Oxchuc.

Las letras y su vida

En la universidad, conté con extraordinarios maestros y maestras que sugerían lecturas reveladoras. Estas me mostraron un camino distinto para comunicar, sin pretensiones de persuasión; simplemente contar historias. El objetivo era que el lector buscara entender, sentir, identificarse o no, con los personajes, e ingresar en mundos tal vez ajenos al propio. Me percaté de que debía aprender a narrar. Así, seguí leyendo, ingresé a talleres y diplomados de narrativa, poesía y literatura. Me animé a enviar cuentos, poemas y minificciones a convocatorias, lo que me valió espacios en revistas y antologías.

Escribir me ha servido para hallar paz, una voz y un sentido a la vida o lo más cercano a eso… Debo confesar que también me ha servido para canalizar el enojo, la rabia y la furia ante lo injusto. Escribir ha salvaguardado mi memoria y mi mente, me ha ordenado internamente y me ha permitido resignificar el dolor.

¿Qué se gana y que se pierde con este oficio? 

Humildad. Algunos la ganan al darse cuenta que no alcanza la vida para leer todos los libros deseados, recordarlos más allá del título o el autor, ver películas, frecuentar el teatro, contemplar, asombrarse y deslumbrarse con lo cotidiano. Otros la pierden al acumular capital cultural, social, económico y simbólico, creyendo que ese privilegio los hace superiores al resto.

Compromiso social

El primer compromiso es con la literatura: encontrar una voz propia, narrar desde nuestra piel o lo que nos inquieta, pulir el trabajo con esmero, adquirir herramientas para perfeccionarlo. Aun al dar voz a personajes distantes a nuestro contexto, escribimos desde lo que conocemos, lo que nos atraviesa, duele, complace o aterra.

Yo, por ejemplo, no busco hablar de personajes multimillonarios: no los conozco, no lo ansío ni me intriga. En cambio, sé de un universo con personas explotadas que agradecen un empleo, aunque en él se vulnere cada artículo de la Ley Federal de Trabajo, no por ignorancia de las normas, sino por escasez de oportunidades. Conozco comerciantes, malabaristas que recitan a Bécquer, maestras que enseñan con un títere en las manos, gente que vive al día. Conozco artistas que se vuelven talleristas y es un deleite oírlos. Prefiero hablar de esas vidas y trato de evitar tópicos, sin romantizar la pobreza ni hacer de sus existencias un compendio de personajes estereotipados.

Las redes sociales

Durante la pandemia, muchas personas disponían de tiempo en casa… Surgieron conversatorios con escritores y escritoras a nivel internacional, entrevistas y colectivos como la Red de Escritoras de Microficción, el Colectivo de Minificcionistas mexicanas y el Colectivo Tinta de Luna. Encuentros de minificción, como el centroamericano, iniciaron virtuales y hoy se realizan presenciales en diversos países centroamericanos. Nacieron libros, estudios, y editoriales digitales. En un período, quienes tenían acceso a internet gozaron del derecho a la cultura.

La IA

Es una herramienta más para cotejar o hasta corregir algunos errores. En el proceso creativo, sin embargo, considero mejor evitar su uso. Una escribe por necesidad y deseo, no tiene sentido pedirle a una máquina que haga una historia para luego firmarla como propia.

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