Una vida con vida, Marisa Trejo Sirvent

Jorge Éver González Domínguez/Chiapa de Corzo, Chiapas [email protected]

La poesía no tiene una utilidad
precisa, ni para el
poeta ni para los demás.

María Luisa Trejo Sirvent, 1956 (más conocida como Marisa Trejo Sirvent) nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México.
Hija del reconocido escritor Carlos Trejo Zambrano.
Licenciada en Relaciones Internacionales y en Letras Latinoamericanas.
Escribe poesía, cuento, ensayo, crítica literaria y artículo periodístico. Ha publicado siete poemarios, cuatro libros de ensayos y compilado tres antologías poéticas.
La también catedrática, nos comenta:
La poesía y la literatura en general están muy ligadas a mi vida, también el amor a otras artes, como la fotografía y la pintura. En mi casa, mi padre nos leía poemas. Yo aprendí a decir poemas antes de saber escribir.
Mi madre también adoraba la literatura, mi hermana Socorrito y yo nos aficionamos a leer poesía. Cuando tenía trece años comencé a escribir mis primeros versos y también a leer novelas.
Los momentos más agradables de mi tiempo libre (aparte de los paseos al campo o donde estábamos en contacto con la naturaleza), los pasábamos leyendo poesía o narrativa o comentando lo que leíamos en las sobremesas en casa de mis padres. El poeta que no lee, que no disfruta de la poesía de los demás, que se encierra en sí mismo, que llega a un festival, lee y se va, sin escuchar a los otros, raramente mejora en su poesía.
La poesía requiere siempre de un escritor y un lector. Un poema en un cajón, guardado, no tiene sentido; el poema se hizo para ser leído. El lector cuando lo lee, le da sentido, se lo apropia, siente lo mismo que el autor, piensa que ha vivido eso mismo. Esto si el poeta logra su cometido: trasmitir sus propias emociones y pensamientos con el conocimiento de las posibilidades expresivas literarias y la experiencia de sus lecturas de los principales exponentes de la literatura universal.
Un poeta debe vivir intensamente, auténticamente, íntegramente. No busco los temas o los tópicos, surgen. En la historia de la literatura los tópicos son a menudo: la vida, la muerte, el amor, el desamor, el paisaje, las emociones, las historias y los acontecimientos. Considero que parten de una vivencia, de una situación, de un pensamiento, del sonido de las palabras, de un momento afortunado en que dejas fluir la sensibilidad que te permite ver lo que quizás otros no ven o que pasan de largo sin percatarse. No basta esto, ya que luego viene lo más complejo, intentar decirlo de otra manera, de otro modo; escribir hasta lograr el poema en su conjunto, para luego de cierto reposo del escrito, profundizar en todos los recursos estilísticos disponibles que mejoren la expresión del poema hasta que uno quede satisfecho. Leer en voz alta también ayuda porque así se da uno cuenta si el ritmo fluye, si hay musicalidad, si se logró lo que uno quería al escribir el poema.
¿Para qué le ha servido escribir?
La poesía no tiene una utilidad precisa, ni para el poeta ni para los demás; no, en el sentido de utilidad como si fuera una máquina o un artefacto, un servicio. Sin embargo, la poesía es esencial para comprender y valorar nuestras emociones y pensamientos. La literatura nos hace vivir lo que no hemos vivido, pero que sentimos como experiencias personales. La poesía nos hace revivir también lo que habíamos olvidado, lo que no sabíamos que nos podía emocionar tanto, lo que irremediablemente nos hace sentir y pensar en lo bella que es la literatura, aunque a veces hable de dolor y otros temas que parecerían no tan agradables.
Continuará…

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