Una vida con vida…Hernán González Díaz
Jorge Éver González Domínguez/Chiapa de Corzo, Chiapas [email protected]
Poeta nacido en San Gabriel el Palmar, municipio de Chiapa de Corzo, el 31 de julio de 1975, hijo de los señores Alberto González Calvo y María Dina Díaz Pérez.
Desde muy niño sintió la vibración de una fiesta que lleva tatuada en su piel.
Poeta nato, ha sabido abrirse paso en el mundo de las letras con la sensibilidad de una poesía que brota del manantial de su creación.
Autor del libro Donde cabalga el viento y de dos poemarios inéditos, coautor de los libros Cántaro de voces, Destellos que arden y Palabras en libertad.
Antologado en Universo Poético de Chiapas Itinerario del siglo XX y Cántaro de voces, entre otros.
Miembro del grupo literario Huerto de Palabras.
Hernán escribe y se tiñe con el color del sentimiento que le provee la tarde del color de un sarape.
San Gabriel el palmar mi origen
bajo sombra suena el tambor su fe,
mientras la tarde en milagros se desborda.
La fe crece, mientras entre enramas, se viste la promesa.
Aquí el sitio es siempre aliento de Dios,
sumergido en benditas aguas.
La espada del arcángel, es un largo arroyo,
que parte al pueblo en dos.
Aquí la fe, se pone en San Gabriel,
como poner el morral y el pumpo al hombro, rumbo al palmar…
“Escribir es una buena manera de desahogar las emociones en cualquier situación sentimental del ser humano, con ello busco romper la rutina, busco un lugar donde colocar el libre pensamiento del alma, ya que las letras dan reflexión, conocimiento y lo vuelven a uno más consiente de las situaciones”, nos dice el poeta en entrevista.
Considera que un buen escritor debe tener talento para desarrollar bien un tema, debe saber decir lo que busca comunicar y su misión es crear conciencia de cómo dirigir a un buen sendero a las nuevas generaciones.
Entre eventos culturales, ferias del libro y creación literaria, los versos de Hernán se fortalecen día con día y lo envuelven en un remolino de letras, en el torbellino del paso de la vida.
…Aquí hay que clavarse en el alma como una espada, la esperanza.
Aquí hay creencias infinitas, que remontan, siglos y siglos.
Tengo un llanto que me afloja el destino,
y me desplomo y me refugio en mi fe mestiza,
y esta me consuela y me acaricia suavemente, con su semblante criolla.
Amo mi tierra fresca,
fresca como la palabra que hace el río.
Este murmullo que suena,
que viene como entre alucesados cocuyos,
es el arcángel, que viene, a congregarse, con los suyos.










