Fisionomía general de la enseñanza de los oficios
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Actualmente, en los criterios educativos de cada nación, la formación integral del ser humano no debe pasar inadvertida; la atención a cuestiones académicas formales y no formales, coadyuvan a desarrollar todas y cada una de las capacidades, habilidades y potencialidades del sujeto de aprendizaje. Por ende, la habilidad y conocimiento referente a lo manual, artesanal y oficios, se mantendrán en boga y con ello la importancia que legendariamente se le otorgaba al doxa.
Hoy en día, se afronta el desafío de ensanchar los límites de los conocimientos y saberes hacia la expansión y enriquecimiento en terrenos cada vez más vastos y en diversos horizontes semánticos sobre la vida en los planos individual y colectivo.
Revalorizar oficios y conocimientos informales es labor de todos, desde espacios institucionales hasta el hogar, desde el currículo formal hasta prácticas no intencionadas, deben apuntar a que los sujetos se interesen en el aprendizaje y aprehensión de los mismos. Lo anterior no considera el descartar o dejar fuera a la enseñanza formal, es decir, que un individuo se forme bajo el régimen del término de una carrera profesional por ejemplo, pero tampoco se trata de minimizar a aquellos que se interesen por lo contrario.
Por lo anterior, existen ciertas consideraciones acerca de la fisionomía general que tendría que asumir el proceso formativo, si lo que se pretende es que quienes lo transitan aprendan a enseñar y puedan enseñar un oficio. En primer lugar, debe manifestarse que el proceso formativo se desarrolla en torno al oficio, es decir, el oficio es el centro que aglutina y orienta la totalidad de la formación. El oficio (la enseñanza) no es sólo el objetivo, la meta a alcanzar, sino que constituye el método de la formación y se utiliza como herramienta a lo largo de todo el proceso formativo; ello no significa quedar atrapado en la norma ideal del oficio, ni en su definición, sino poner la atención en la actividad de los individuos y en el proceso de su propia formación.
Finalmente, se debe poseer una peculiar manera de entender la formación práctica, en la que priman ejercicios, pruebas, ensayos, tanteos, repeticiones, simulaciones experimentaciones y también consejos, ayudas, acompañamiento, explicaciones, muestras de cómo lo hacen y la mejor de las disposiciones. La comprensión sobre el hacer se desarrolla a través de la imaginación y llega a su grado máximo cuando el lenguaje muestra de modo imaginativo cómo hacer algo.
De allí la importancia de utilizar en el proceso de formación herramientas imperfectas que estimulen la imaginación de quienes se están formando, verbigracia, para que un artesano aprenda su artesanía, es importante que frecuente situaciones imperfectas, problemáticas; lo imperfecto, lo problemático o fuera de la norma, del modelo, de lo esperado, de lo frecuente, de lo conocido, constituyen experiencias instructivas. La repetición tiene un valor aunque, nuevamente, el desarrollo de la habilidad depende de cómo ésta se organice. La habilidad se aprende por repetición y a medida que la habilidad mejora, aumenta la capacidad para aumentar y hasta llegar a disfrutar de lo que se hace en continuidad.










