El amor romántico: promotor de la subordinación social de las mujeres
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Se vive en una organización social que ubica de forma diferente, desigual y jerárquica a hombres y mujeres, lo que influye de forma decisiva en la conformación de la subjetividad de muchas mujeres. Si se entiende el concepto de subjetividad, como el modo en que las mujeres internalizan, actúan y reproducen un conjunto de valores y actitudes a través de las cuales contribuyen a perpetuar esa situación de desigualdad respecto a los hombres, se hace imprescindible el análisis no sólo de las condiciones externas de dicha desigualdad, sino profundizar en cuáles son las condiciones internas que, a la vez que potencian la hegemonía masculina, favorecen la subordinación de las mujeres.
Los elementos de la conformación de la subjetividad de las mujeres, promueven el desarrollo de un sistema de valores que hace surgir deseos específicos en las mismas: la creación del ideal maternal como ideal constitutivo de su subjetividad y el deseo maternal como deseo fundante de la feminidad, apareciendo un poder legitimado: el poder de los afectos.
La adscripción al poder afectivo, lleva a las mujeres a establecer un tipo de relaciones íntimas que van a convertirse en la principal fuente para construir sus identidades, relaciones entre dominados y dominadores; es decir: afiliación servil. Servil, en la medida que el interés de las mujeres no gira alrededor del conocimiento de sus propias emociones, necesidades o intereses, sino en el descubrimiento de las necesidades de los otros, creyendo que en la medida que atienda lo que los otros necesitan, va a tener garantizado su amor.
En este sentido, la importancia del amor de los otros en la construcción de la propia identidad, se hace más compleja al plantear la tensión que se da entre la necesidad de ser reconocida y el deseo de autoafirmación. A partir de la teoría intersubjetiva, la sumisión aparece como el deseo de reconocimiento a través de otro lo bastante poderoso como para otorgarlo. Ese deseo de reconocimiento, pone en peligro la propia subjetividad: el concepto de represión no puede captar el hecho de que el poder se sostiene no negando el deseo propio, sino dándole forma, convirtiéndolo en un servidor voluntario, en su siervo o representante. Un deseo que conduce a un tipo de relación fusional, donde el otro se convierte en el regulador de la propia angustia y que lleva emparejada la renuncia del desarrollo de uno mismo como sujeto.
La tesis principal entonces de lo expuesto, es cómo el amor romántico o pasional, tanto por su conceptualización como por la educación y experiencias amorosas que promueve, es parte intrínseca de la subordinación social de las mujeres, por lo que se requiere con urgencia, estudiar al mismo para poder desentrañar los mecanismos causantes de la subordinación y el funcionamiento del sistema de género, así como su transformación.










