La práctica y la experiencia del tiempo libre

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas

Actualmente, las preocupaciones sociales del tiempo libre son múltiples, unas en contra de la vida y la dignidad de los diferentes colectivos; otras a favor de ellas, fomentando el desarrollo y el potencial humano y disminuyendo las desigualdades.
La práctica y la experiencia del tiempo libre, el ocio y la recreación en México, se identifican con el proceso de mestizaje, que durante tres siglos de colonización y con la coexistencia de diversas culturas indígenas, han dado como resultado la configuración y supervivencia de una vida comunitaria particular, de la conservación de lenguas, de creencias, de tradiciones, fiestas, bailes y expresiones culturales que han estado vigentes en nuestra vida cotidiana y extraordinaria actual, y que son parte de las manifestaciones del tiempo libre, el ocio y la recreación personal y comunitaria.
En la sociedad mexicana, estas manifestaciones se han ido generando de acuerdo a la noción oficial del tiempo libre, que determina el equilibrio entre trabajo y descanso, necesario para recuperar la energía que los trabajadores requieren para la producción. Es así como el tiempo libre supone una ideología dominante, que espera se repitan situaciones existentes y se carezca de la capacidad de realizar cambios, de no cuestionarse, de repetir hábitos y tradiciones.
Hoy en día, las preocupaciones sociales del tiempo libre que solicitan atención y se relacionan, son múltiples: la discriminación de género, el machismo, la discapacidad, el alto índice de alcoholismo en los jóvenes, el problema de la obesidad, el envejecimiento de la población, el consumismo, la violencia, etc.
Desafortunadamente, las personas ocupan gran parte de su tiempo libre en actividades como la televisión, la radio y el cine, ocasionalmente. Se pone de manifiesto que no es el derecho al tiempo libre lo que está en cuestión, sino la ignorancia que tiene gran parte de la clase trabajadora sobre su derecho al mismo, y -peor aún- el no saber cómo utilizarlo adecuadamente.
Una sociedad de consumo convierte el tiempo libre en un contexto, una escenografía, en un espacio para ostentar el poder económico; y de no tenerlo, para emular y venerar estilos de vida ajenos; el tiempo libre es un tiempo libre despolitizado, que se consume sin sentido, que no tiene pasado ni futuro, no por falta de memoria, sino por falta de conciencia para ubicar los hechos relevantes y significativos en la historia política, social y cultural.
El tiempo libre como función enajenada, es incapaz de transformar a la sociedad, no actúa críticamente, repite patrones, donde existe un universo de consumidores y propaganda, en donde el uso del tiempo libre se relaciona con la mera diversión y no se reconoce la capacidad de elección.
Las opciones de tiempo libre deberían diversificarse, multiplicarse en otras perspectivas no oficiales, en una sociedad donde lo que se ofrece suele ser raquítico, encauzado y represivo.

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