Adicción emocional: dependencia
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
La sociedad actual viene caracterizada por una mayor influencia de adicciones que no solo conllevan el uso de sustancias psicotrópicas, sino otras propias de la sociedad postindustrial como, por ejemplo: la comida, el sexo, la televisión, Internet, etc., entre ellas las relacionadas con la dependencia emocional.
Si las drogas existen para desinhibir al individuo de su propio self, la dependencia emocional también. La sensación de sentirse amado se asemeja al placer de los opiáceos. Es decir, toda relación amorosa positiva provoca en los circuitos cerebrales la misma sensación de placer que las drogas más sintéticas. La gratificación del drogadicto con su droga se reproduce de forma biológica igual que el placer de sentirse conectados con las personas amadas. El sentirse querido, deseado, mimado, preocupado por otro ser, no sólo es una función básica -la social- sino que representa una gran cuestión existencial en la vida. Sin embargo, el deseo a veces se transforma en una sensación demasiada dolorosa, apática y destructiva, transformando una acción racional y positiva en una emanación de sentimientos negativos y patológicos.
Cuando se habla de dependencia emocional, mayormente se imaginan a personas pasivas y obedientes, intentando complacer a los demás. Individuos inseguros e indecisos que no pueden tomar cualquier idea racional sin el apoyo de los demás. Primeramente, es importante destacar que la dependencia emocional es diferencial al trastorno de apego ansioso, el trastorno límite de personalidad, la adición al amor o la sociopatía. La dependencia emocional se concibe como una sobredependencia en una relación interpersonal, afectando a la visión de uno mismo (self) y a la de los otros; es un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas.
***
Por otro lado, el rechazo produce dependencia interpersonal. Todos esperan conectar con las personas que intervienen en el transcurso de la vida. Cuando en una relación no se presta la suficiente atención, un individuo no asume su parte de compromiso, se genera siempre un sentimiento de desamparo que puede favorecer dependencias emocionales. Por lo tanto, cuando se produce el rechazo social se activan los mismos circuitos cerebrales que avispan de un posible daño físico. El dependiente emocional transforma el amor en dolor, el placer en disgusto. Presenta escasa estima, la preocupación excesiva por los demás, obviando el ítem más relevante del ser, su persona. Ante la siguiente tesitura es fácil poder deducir que los sentimientos se encuentran a “flor de piel” en sus relaciones y que la indiferencia o la ruptura pueden llegar a ser más dañinas que para el resto de los individuos.










