La estabilidad de los hijos y la custodia compartida
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Desde la perspectiva psicológica se considera la “familia”, como el contexto social más privilegiado de influencia y de eventual optimización del desarrollo biopsicosocial humano.
La provisión de estabilidad afectiva y emocional que requiere el desarrollo infantil, puede verse seriamente amenazada por la separación o el divorcio de los padres. La mayoría de los hijos de padres divorciados muestran anomalías en su desarrollo, ya que el ejercicio de las funciones de paternidad de la pareja rota se ven desafiadas.
Todo se hace más complejo en los casos en que el progenitor custodio, que generalmente suele ser la madre, tiene que hacer frente no sólo a la sobrecarga de tensiones y tareas propias de su misión, sino también al lógico desajuste emocional asociado con la tensa situación que suele conllevar la ruptura con la pareja. Es por eso que, con relativa frecuencia, la figura parental encargada de la custodia desempeña prácticas educativas erráticas, con poco control sobre el comportamiento del hijo y escasa sistematicidad en el seguimiento de reglas, con las consecuencias negativas que son de prever en el desarrollo de los hijos.
Ahora bien, la resolución legal de compartir la paternidad puede presentar, desde el punto de vista psicológico, diferencias en cuanto a la manera de desempeñarla. Los padres que adoptan el estilo cooperativo, se caracterizan por hablar frecuentemente entre ellos acerca de los asuntos que conciernen a los hijos, procurando no interferirse mutuamente y acordando entre ambos las funciones a desempeñar dentro de cada hogar respecto a los mismos.
El patrón de hostilidad se caracteriza en cambio por un contacto mantenido con el otro miembro de la pareja, pero con marcada animosidad o enfrentamiento mutuo. Lógicamente, cuando los padres adoptan este tipo de comportamiento, suele haber bastantes problemas cada vez que los niños disfrutan del contacto presencial con uno u otro progenitor, ya que esa situación engendra la irritación de uno de los padres y el consiguiente sentimiento de decepción del niño.
Por último, en cuanto a la pauta de aislamiento entre los padres, que es el prototipo de actuación parental más frecuente entre padres divorciados que tienen hijos mayores, habitualmente los progenitores se comunican entre sí utilizando al hijo como portador de mensajes que suelen conllevar un contenido más o menos hostil hacia al otro, con lo que evitan la necesidad de tener que confrontarse entre ellos.
Lo cierto es que algunos padres desempeñan conductas dañinas, y, por tanto, no actúan por el mejor interés de sus hijos. La base de la custodia compartida es asegurar que los hijos tengan el beneficio de mantener la influencia de ambos padres como medida de protección a sus desarrollos armónicos. Si un progenitor no contribuye o asume razonablemente su responsabilidad para con sus hijos, está promocionado en ellos su disfunción personal.










