Padres e hijos: reconfiguración social actual

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas. [email protected]

El término parentalidad, surgió en los últimos tiempos como un intento de incluir a todas las personas que tienen o desean tener hijos, sin que su identidad de género sea determinante para el ejercicio de las funciones de cuidado, protección y contención implícitas en la crianza. Es un concepto reciente que responde a la realidad actual y a las demandas contemporáneas, relativas a las nuevas modalidades de vinculación y configuración familiar. Se trata de un constructo simbólico que pone el acento en las funciones que resultan de un largo proceso de gestación psicológica con apoyo en lo familiar y lo social. Un enfoque integral que no se restringe a la maternidad o a la paternidad y a los roles que hasta ahora les han sido atribuidos.

El concepto de parentela aplica a todo hijo, tanto a los hijos biológicos como a los adoptivos, los nacidos con auxilio de técnicas asistidas, por embarazos subrogados, etc. Sin embargo, en algunas ocasiones dicha empresa resulta imposible, es una tarea a ser realizada con tropiezos, con fallas y con una angustia a veces solapada pero omnipresente.

La maternidad y la paternidad provocan un cambio radical en las personas. Implican una ruptura, un pasaje, una sacudida. Con un hijo se inicia una experiencia de vinculación totalmente nueva, absolutamente demandante, exigente, y tan comprometedora que pone en riesgo la estabilidad interna de los padres, puesto que, en la mayoría de los casos, el equilibrio psíquico y emocional se ve excedido por la extrema movilización de los precarios soportes narcisistas que hasta entonces los venían sosteniendo. Muchas parejas no logran sobrevivir a la irrupción de este tercero que los desplaza y posterga.

La romantización de la concepción y de la parentalidad, encubre lo que hay de complicado y sufriente en su realización, porque, además, en ese deslizamiento de la necesidad al deseo, nace un espacio para la fantasía, la ensoñación y la creación de un hijo concebido como propio, pero al que se debe renunciar como posesión.

Ahora bien, si se han mencionado algunos desasosiegos de los padres, actualmente, los hijos no se quedan atrás. Son ellos quienes enfrentan situaciones inéditas que, sumadas a los habituales desafíos de crecer, comprometen su bienestar y proyecto identificatorio.

Niños hipersensibles, deprimidos y aislados, en su mayoría, adosados a sus dispositivos tecnológicos, presionados por las altísimas demandas escolares y actividades extracurriculares, sin tiempo para el ocio productivo y el sano aburrimiento. Expertos en todo lo digital, inteligencia artificial y conocimiento universal, pero incapaces de atarse siquiera las agujetas de sus zapatos.

Niños de cristal, frágiles, temerosos, a los que desde muy temprano manifiestan signos de depresión importantes e ideas suicidas. Con dificultades en la percepción de sí mismos, con una cada vez más precoz asunción y declaración de una identidad de género no correspondiente con su sexo biológico que, si bien es adquirida antes del encuentro con la diferencia anatómica de los sexos, requiere tiempo para su internalización e integración al resto de la identidad.

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