El proceso de autocuidado
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
El propio cuidado de la salud, ha sido indispensable para el mantenimiento y la preservación de la vida a lo largo de la historia y para ello los seres humanos han construido significados y prácticas socioculturales diversas, que determinan formas particulares de cuidarse a sí mismos.
El cuidado de sí se articula desde tres puntos de vista: por un lado, una actitud general, una concepción del mundo que genera una forma de relacionarse con los demás; por otro lado, una mirada hacia fuera, pero con un retorno a la interioridad de los sujetos -esto implica cierta manera de prestar atención a lo que piensan, a lo que ocurre en el pensamiento-; finalmente, una serie de acciones que ejercen los sujetos sobre sí mismos para modificarse o transformarse.
La noción del cuidado de sí, está constituida no solo por la relación que se establece con el cuerpo, sino también con los otros y con el entorno. Este proceso se estructura sobre tres líneas de evolución que se actualizan como práctica de uno mismo. Estas son: la dietética, o sea, la relación entre el cuidado y el régimen general de la existencia del cuerpo y el alma; la economía, que hace alusión a la relación entre el cuidado de uno mismo y la actividad social; y la erótica, que consiste en la relación entre el cuidado de uno mismo y la relación amorosa. Estas tres dimensiones se convierten en escenarios de aplicación del proceso de la práctica de uno mismo y están correlacionados, es decir: los tres espacios se actualizan en los juegos intersubjetivos del sujeto. Pero el sujeto, en dicho proceso, se construye a sí mismo, se actualiza y configura una manera de ser, pensar y sentir particular y singular, que lo diferencia del colectivo.
Aunque desde la antigüedad se identifican representaciones sociales para el cuidado de sí, en la época contemporánea con el paradigma moderno de la salud pública -que prioriza la demanda del servicio bajo un enfoque biomédico, morbicéntrico, centrándose en el tratamiento de la enfermedad y desconociendo al sujeto como portador de un saber sobre ésta-, se habla del concepto de autocuidado.
Por otro lado, es necesario señalar que existen tres niveles de necesidades (universales, de desarrollo y desviaciones de salud) frente a las cuales surgen las prácticas y significados asociados al autocuidado. Así, el autocuidado está referido al conjunto de acciones intencionadas que realiza la persona para lidiar con los factores, internos o externos, que pueden comprometer su vida y desarrollo posterior. Estas acciones tienen como objeto mantener el funcionamiento íntegro de la persona de forma independiente.
Finalmente, puede decirse entonces que el cuidado de sí se construye en las relaciones sociales, en las interacciones y en las prácticas, pues estas condicionan las representaciones sociales que un sujeto tiene sobre el cuidado de su salud, y tienen lugar gracias a los procesos comunicativos e intersubjetivos entre los miembros del grupo social del cual se forma parte.










