La Conducta Disruptiva: ¿permite concluir que el alumno presenta algún problema?
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Las dificultades emocionales y de la conducta en los escolares constituyen un serio y difícil problema, tanto para la educación y la salud mental de los estudiantes, como para los padres cuyos hijos no logran en la escuela un rendimiento acorde con sus esfuerzos y expectativas. La mayoría de los alumnos que presentan dificultades emocionales y conductuales, poseen leves alteraciones en su desarrollo cognitivo, psicomotor o emocional, sin que puedan ser asignados a categorías diagnósticas específicas tales como retardo mental, síndrome de déficit atencional o trastornos específicos del aprendizaje.
La duración, la frecuencia y la intensidad con que ocurre la conducta disruptiva, son algunos de los elementos que permiten concluir que el alumno presenta un problema.
En este sentido, cada estudiante presenta características cognitivo-afectivas y conductuales distintas y, las escuelas en general, otorgan una enseñanza destinada a niños ‘normales’ o ‘promedio’, que prácticamente no presentan diferencias entre sí y que no muestran alteración, desviación, déficit o lentitud en ningún aspecto de su desarrollo.
Esto provoca que todos los niños que por alguna razón se desvían o alejan de este “promedio”, están en riesgo de bajo rendimiento y de fracaso escolar. Un estudiante en riesgo no significa que sea retrasado o que tenga alguna incapacidad. La designación ‘en riesgo’, se refiere a características personales o a circunstancias del medio escolar, familiar o social, que lo predisponen a experiencias negativas tales como deserción, bajo rendimiento, trastornos emocionales, alteraciones de la conducta, drogadicción, etc.
Los factores de riesgo de la escuela se refieren a aquellas características y circunstancias específicas ligadas a los docentes y administrativos, como los prejuicios y las bajas expectativas de rendimiento, la inhabilidad para modificar el currículo, la falta de recursos y la carencia de estrategias de enseñanza adecuadas, la estructura, el clima organizacional y los valores del sistema escolar.
La severidad de la alteración conductual, depende en gran medida de la percepción que sobre ella tengan las personas que viven y/o trabajan con el niño. Las personas en diferentes contextos tienen variadas expectativas sobre lo que consideran una conducta apropiada. Tanto en los padres como en los profesores, se pueden observar distintos niveles de tolerancia frente al alumno con problemas de conducta.
Los niveles de tolerancia también indican relación con el estadio del desarrollo del niño, verbigracia, estudiantes preescolares no pueden estar mucho tiempo sentados, concentrados, inactivos y les cuesta respetar su turno para hablar o para jugar y por lo tanto se les toleran muchas variabilidades en su conducta, lo que no ocurre con alumnos mayores.
Asimismo, la manera como el problema de conducta del estudiante es percibido por los adultos, determina, en general, la urgencia con la que se debe enfrentar.










