Principio vital del ser humano: la espiritualidad
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Es posible evidenciar en las epistemologías y en las dinámicas sociales actuales una tendencia al rescate, la visibilización y la valoración de la diferencia y el pluralismo en diversos sentidos, no solo desde perspectivas culturales, sino también en escenarios que antes se consideraban exclusivamente privados. La configuración religiosa del ser humano no ha escapado a dicha tendencia y se configura como un foco de atención que reclama la concreción de políticas públicas, que rescaten la importancia de la diversidad religiosa en prospectiva de la construcción de posturas pluralistas, que posibiliten no una tolerancia obligada, sino la comprensión de la riqueza en la pluralidad.
El intento por conceptualizar y caracterizar lo espiritual, ha sido un ejercicio en el que subyacen diversas tendencias y perspectivas a lo largo de la historia. Es así que es posible narrar aproximaciones a la epistemología de la espiritualidad con base en ejercicios lingüísticos, como la etimología; en la filosofía, con construcciones discursivas elaboradas; en la teología, con elaboraciones fundadas en algunos sistemas religiosos; en la psicología, con interpretaciones conductuales; en la sociología y la fenomenología de la religión, con desarrollos orientados por la epistemología mitológica; y en otros estudios que resaltan diversos aspectos de lo espiritual en la cotidianidad del ser humano.
En este sentido, cabe señalar que lo espiritual queda comprendido en el marco del aliento de la vida humana, es decir: en las condiciones de posibilidad de la misma vida del hombre, aquello que se constituye como el principio vital del ser humano y lo caracteriza como viviente, en contraposición a lo inerte, para luego poder proyectarse también a lo trascendente. Así las cosas, hablar de espiritualidad es hablar del desarrollo y despliegue de ese principio vital a través de la búsqueda de sentido de la vida, con miras al bienestar personal.
Los ejercicios espirituales posibilitan la modificación del paisaje interior del sujeto, al mismo tiempo que transforman su visión del mundo, es decir: engloban una conversión entera del sujeto humano a partir de las nuevas comprensiones de lo que es vivir, las cuales lo emancipan de las alienaciones encontradas en la cotidianidad.
Se denominará por tanto espiritualidad, al conjunto de estas búsquedas, prácticas y experiencias entre las cuales se encuentran las purificaciones, la ascesis, las renuncias, las conversiones de la mirada, las modificaciones de la existencia que constituyen, no para el conocimiento sino para el sujeto, para el ser mismo del sujeto, el precio a pagar para tener acceso a la verdad.










