La resiliencia, ante el maltrato infantil
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas. [email protected]
El maltrato infantil es un problema social grave que, como fenómeno complejo, es atravesado por diversas áreas que involucran aspectos sociales, culturales, históricos, económicos y de salud, tanto de naturaleza física como psicológica.
La resiliencia es un término tomado de la física, para explicar la propiedad de algunos cuerpos de recobrar su forma original luego de haber sido sometidos a altas presiones. Sin embargo, su aplicación en las ciencias humanas presenta una connotación diferente. Surge a partir de la necesidad de explicar cómo numerosos individuos, inmersos en situaciones adversas de alta tensión, podían efectuar un proceso diferente a lo que era esperable: podían responder de una manera positiva y adaptada, pese a vivir y crecer en condiciones riesgosas.
Con base a este planteamiento, es importante destacar que la resiliencia alude a la presencia de una modalidad particular de riesgo y a una respuesta del individuo o grupo, mucho más favorable de lo que se esperaba para la trayectoria del mismo; por otro lado, también se hace necesario vincular a la misma a la serie de factores que se referenciaron, cuya presencia facilita la aparición de resultados negativos e indeseables para el desenvolvimiento humano, tales como problemas físicos, psicológicos y sociales.
En contraste, de acuerdo con algunos teóricos, los factores protectores son influencias que modifican, mejoran o alteran la respuesta de una persona, a algún peligro que predispone a un resultado no adaptativo, las cuales pueden ser circunstancias, atributos, personas o sucesos que inciden positivamente en los resultados del desarrollo, producto de su interacción con el riesgo, lo cual las transforma en factores de resiliencia.
De este modo, la presencia de riesgo puede desembocar en una doble vía: puede llevar a la vulnerabilidad, es decir a la presencia de respuestas negativas en el individuo. tales como disminución de autoestima, trastornos de personalidad y depresión, entre otros; o puede llevar a la resiliencia, es decir: a que la persona pueda darle continuidad a su desarrollo o a una gran parte de él, a pesar del riesgo. La inclinación hacia una u otra vía, dependerá del impacto que tengan estos factores en el desenvolvimiento del individuo.
Finalmente, es preciso señalar que hablar de resiliencia no implica invulnerabilidad en el sentido que el niño, adolescente o adulto, sea inmune al riesgo. Al contrario, se debe subrayar que la experiencia traumática o adversa, deja huellas en la vida del individuo y por ello solo se puede hablar de resiliencia cuando se ha producido un trauma que, aunque se instala en la historia del sujeto y no se olvida, permite la recuperación de algún tipo de desarrollo.










