Necesidades emocionales light: el internet

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Se vive en una sociedad en la que prevalece la emoción por encima de los sentimientos, donde la publicidad, el tipo de diversión, los valores sociales, el arte e incluso las relaciones personales, conducen a que el hombre moderno valore la emoción y choque por encima de la emoción sentimiento. El chat, los correos electrónicos y los mensajes, son canales adecuados para expresar las emociones rápida y fugazmente. Algunos canales comunicativos de Internet, se desarrollan porque se adaptan perfectamente a las necesidades emocionales light, de la sociedad actual. Estas emociones choque, son más adictivas que las emociones sentimiento o emociones contemplación, por la misma razón que las propiedades adictivas de los juegos de azar son directamente proporcionales a la rapidez de la recompensa.
Hasta finales de la década de los noventa, los ciudadanos se sentaban para ver programas de televisión, mientras que en la actualidad los nuevos medios de comunicación, desde el móvil a Internet, son instrumentos interactivos que incitan no sólo a ver, sino a promover. Mediante Internet y el móvil, la persona es un elemento activo que ejercita una conducta gratificante y, como tal, susceptible de adicción. En la mayoría de los casos, el uso excesivo de Internet no merece el rango de trastorno psicopatológico, aunque ocasione consecuencias negativas en el ámbito académico o familiar.
Sin embargo, la existencia de casos clínicos, sugiere que el uso desadaptativo de Internet es un problema real que afecta gravemente a algunas personas. Esta adicción comparte los elementos clave de las adicciones, como son la pérdida de control, la modificación del estado de ánimo, la polarización atencional y las consecuencias negativas.
Hasta el momento, existen dos tendencias a la hora de clasificar este uso desadaptativo: considerarlo un trastorno del control de impulsos o una conducta adictiva. En el caso de la adicción al móvil, son válidas la mayoría de las consideraciones críticas que se han hecho sobre Internet; pero, a diferencia de ésta, el móvil no provoca un estado de trance, no permite el juego de identidades, no es disociativo, difícilmente se utiliza para conocer personas nuevas y las redes sociales que se establecen necesitan del contacto cara a cara para pervivir. Es decir, la comunicación a través del móvil no tiene la capacidad reforzante de Internet. De hecho, hay mucha menos literatura científica sobre adicción al móvil que sobre adicción a Internet; este devenir, similar al de muchas conductas gratificantes, no evita que una minoría pueda desarrollar una adicción que ocasione dependencia psicológica y daños intra e interpersonales, durante un periodo significativo.
Si se centra la atención en las aplicaciones propias de Internet, la posibilidad de adicción se centra en sus aplicaciones comunicativas. Es decir, chatear con desconocidos y participar en juegos colectivos de rol, son las aplicaciones que generan más abuso. Esto puede explicarse porque la hipercomunicación permite crear una personalidad ficticia, reinventarse, sentirse seguro y no ser esclavo de la imagen corporal.

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