El Inspector Escolar: retos a enfrentar

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

Pretender abordar en un escrito breve todo lo que conlleva el desarrollo de la Inspección Educativa en el último cuarto de siglo y hacer un balance actual del presente de la función técnico-educativa de la Inspección en México y de la profesión de inspector en particular, resulta una difícil empresa.
En este sentido, lo que se pretende hacer, es una sugerencia sobre la reflexión en torno a ciertos retos que se considera que debería asumir la Inspección, la Administración educativa y los inspectores como profesión en un futuro inmediato. Da la impresión de haberse producido en el país un grave, viciado y partidista proceso de acceso a la profesión de inspector (con las excepciones oportunas, que las hay), que se remonta a viejas y nefastas tradiciones poco ejemplares de filtro político, pero que han encontrado en el modelo administrativo descentralizado una oportunidad para recaer en lo peor del sistema de selección de inspectores.
Uno de los retos más obvios que deben afrontar en serio la Administración y la profesión, es precisamente la formación pedagógica (incluso la titulación pedagógica adecuada) de los inspectores y clarificar bien el sistema de selección y acceso a una profesión en que deben prevalecer los elementos técnicos y la autonomía administrativa.
La burocratización de la función inspectora, formando parte de una infame y despersonalizada cadena de informes/órdenes/circulares de la maquinaria administrativa, se hace día a día más gruesa y pesada, porque engulle toda acción creativa y se refugia en el papel o en las órdenes llegadas de arriba por ordenador, resulta paralizante en una tarea de inspección que resulte satisfactoria y eficaz para quienes la conforman.
El inspector de educación debe disponer de autonomía suficiente para participar de forma natural en tareas de supervisión técnica, a veces informativas, de control cuando corresponda, de asesoría y ayuda a los profesores, de trabajo en equipo con otros colegas, de impulsar investigaciones educativas vinculadas a los problemas de los centros escolares, de creatividad para promover y afianzar actuaciones escolares en centros educativos de su competencia, para proponer y desarrollar actuaciones formativas en contacto con las universidades cuando corresponda, con los centros de profesores, sindicatos, grupos de renovación pedagógica, departamentos didácticos de los institutos de educación secundaria y formación profesional, con los claustros y consejos escolares, con responsables municipales de educación, con asociaciones de alumnos y de padres.
Las posibilidades de ayuda, asesoría, supervisión y apoyo a los agentes educativos desde la inspección, son amplias y diversificadas, pero corren el riesgo de verse anuladas por el agobio de la excesiva burocratización que consume el tiempo y el espíritu del inspector.

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