Estilos de amor: tipología del noviazgo
Lilia Ma. Calderón / Las Margaritas, Chis. [email protected]
Una creencia socialmente aceptada por generaciones es que el noviazgo es la época ideal de una pareja, en la que se vive cada momento con intensidad, alegría y pasión. El noviazgo es la oportunidad para compartir el mundo interior con otra persona, socializar experiencias, expresar, por ejemplo, el amor, el coraje, la ternura y los celos. El noviazgo en los adolescentes tiene su origen en una conquista de tipo emocional, en la cual cada uno de los implicados tiene sus propios objetivos, que en la mayoría de las ocasiones no coinciden. En los varones puede predominar la atracción física y una percepción de que la relación no va a prolongarse a largo plazo; en las mujeres prevalece el romanticismo y la prolongación de la relación hacia el futuro, aunque en ambos sexos la atracción física es, por lo general, el punto de partida para convertirse en novios.
La elección de la pareja durante el noviazgo puede estar determinada por los comportamientos que cada uno de los integrantes presenta con el otro, lo que puede considerarse como un estilo propio de relación amorosa, en el cual cada persona presenta ciertas conductas de manera constante en sus relaciones de noviazgo. En este sentido, algunos estudiosos establecieron una tipología de estilos de amor, tres primarios: Eros, amistoso y aventurero; y tres secundarios, que suponen la combinación de los primarios: pragmático-racional, altruista-protector y obsesivo-posesivo. Cada estilo establece una forma de interactuar amorosamente.
En el eros se valora el amor romántico, la atracción física y emocional es esencial y se da una comunicación abierta que permite que las situaciones se desarrollen de manera espontánea. En el estilo amistoso se valora un compromiso duradero que requiere tiempo de convivencia. En el caso del estilo aventurero, el amor y sexualidad son conceptualizados como un “juego” para el disfrute, los individuos no le dan tanta importancia a la permanencia de la relación y viven más en el aquí y ahora.
Con relación a los estilos secundarios, en el obsesivo se refleja un amor posesivo y dependiente, hay celos: se vive la relación de manera apasionada e intensa y se presenta ansiedad cuando la pareja está ausente debido a un miedo a la pérdida. El estilo pragmático se caracteriza por ser práctico, se busca la elección adecuada de la pareja acorde a una o varias características como edad, religión, educación, facultad de ejercer adecuadamente la paternidad o maternidad, entre otras. Finalmente, el estilo altruista se caracteriza por expresar un amor intenso y amigable que busca el bien del otro independientemente de la reciprocidad que se tenga; en ciertos casos se pueden anteponer las necesidades del otro a las propias.
Los estilos amorosos se aprenden a través de las reglas y prácticas culturales de la relación de pareja. Algunas culturas dan mayor énfasis a las funciones pragmáticas, mientras otras resaltan los aspectos pasionales de la experiencia amorosa, verbigracia: los tipos de amor en dieciséis países con culturas diferentes; se observó que las culturas que enfatizan el estilo amistoso y de compañerismo, también valoran los aspectos prácticos y le otorgan menos importancia a la posesión, los celos y la fuerte activación emocional…










