Relación entre cultura y las formas lingüísticas determinadas
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Cuando se analiza el lenguaje desde el punto de vista etnológico o antropológico, es decir, en sus relaciones con la cultura y la visión del mundo, pueden distinguirse, generalmente, orientaciones diversas; estas se reducen a tres grandes líneas: estructuralismo funcionalista, etnología conductista y etnolingüística cognitiva. En el primer caso, el lenguaje se contempla como la imagen del mundo que un pueblo tiene y, al mismo tiempo, da forma al pensamiento.
Desde la perspectiva que adopta el etnolingüismo conductista, la lengua es un tipo de conducta humana, de conducta cultural.
Para la etnolingüística cognitiva, por último, el saber y la imagen del mundo que una determinada cultura posee, se ponen de manifiesto mediante el análisis del vocabulario.
Al margen de las relaciones que pueda guardar con la mente humana, la lengua es el vehículo de expresión de una comunidad concreta, con unas formas de vivir determinadas, en un entorno específico y, como tal, amoldará una parte importante de aquélla a sus peculiares costumbres y a sus propias necesidades. En cuanto exponente de cultura, lo más cultural en las lenguas serían las hablas diferenciadas hombre/mujer; el léxico adecuado a la vida cotidiana, a la religión; los comportamientos sociales como el uso de formas reverenciales, del nivel del habla, del uso del silencio o de la oratoria; la relación entre lengua y gestos; los tabúes temáticos o formales.
La cultura, por tanto, a la par que se hace patente en unas formas lingüísticas determinadas, actúa como aglutinante y factor uniformador de la lengua, impidiendo la fragmentación de esta. La lengua, por su parte, ayuda a mantener la cultura, si bien hay usos y costumbres que han permanecido, aunque la lengua de la comunidad de la que eran propios haya desaparecido.
Por lo anterior, ¿cómo conseguir que el alumno, a la par que aprende léxico nuevo, incorpora construcciones más complejas, articula mejor los sonidos y mejora, en definitiva, sus conocimientos puramente lingüísticos, penetre en los entresijos de una cultura que le es ajena y adquiera también, así, una capacidad que le permita comunicarse plenamente?
Parece acertada, en este sentido, la perspectiva de la etnografía de la comunicación, en cuanto valora no sólo el conocimiento del código sino utilización, es decir, la actuación comunicativa. Se adopta entonces por ello, el concepto de competencia comunicativa, es decir, de poseer la capacidad no sólo de producir actos comunicativos o participar en ellos, sino también de evaluar los que otros realizan










