La influencia de la calidad de la relación padres-hijos-hermanos
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
Las relaciones entre hermanos brindan un espacio de adquisición, desarrollo y mantenimiento de habilidades sociales para niños y adolescentes, y se convierten en la base de las relaciones con pares en otros contextos sociales. Algunos teóricos señalan que las relaciones afectivas que los niños establecen con sus hermanos, demarcan un contexto social importante donde los niños reciben y brindan afecto, establecen interacciones de juego y aprenden y practican habilidades de negociación y resolución de conflictos. Otros autores sugieren que las relaciones entre hermanos se caracterizan por niveles variados de calidez y conflicto en las distintas etapas de la vida; estas pueden definirse como un contexto de aprendizaje de destrezas y habilidades o como sistema protector contra perturbaciones en el funcionamiento y adaptación psicológica de los niños y adolescentes, causadas por situaciones familiares negativas o por eventos estresantes.
Estas relaciones están igualmente influenciadas por otras variables, como la edad y sexo de los hermanos, y la composición de la díada. Hallazgos de estudios sobre relaciones entre hermanos durante la adolescencia, indican que la composición de la díada (individuos del mismo o diferente sexo), parece explicar diferencias en la calidez emocional e intimidad que experimentan los hermanos y hermanas. Así, por ejemplo, se observa mayor calidez emocional entre díadas de hermanas que entre aquellas conformadas por hermano mayor y hermana menor. Por otra parte, las díadas de hermanas y las formadas por hermana mayor y hermano menor, demuestran mayor grado de intimidad en su relación que otros tipos de díadas.
En este sentido, desde diferentes perspectivas teóricas, se ha reconocido la influencia de la calidad de la relación padres-hijos sobre el ajuste psicológico y posterior desarrollo afectivo de niños y adolescentes. La teoría del Apego, por ejemplo, plantea que, a partir de la interacción con sus cuidadores, el niño desarrolla unos “modelos internos de trabajo” o representaciones acerca de sí mismo y de su cuidador. Estas representaciones proveen un mecanismo de continuidad en el estilo de apego a través del tiempo, de manera que las expectativas y creencias acerca de sí mismo y de los otros que se forman durante la niñez (modelos internos de trabajo), influyen en la competencia social y en el bienestar del individuo a lo largo de su vida. Desde otra perspectiva, la teoría sobre la aceptación/rechazo de los padres, postula que la percepción de conductas abiertas de rechazo (hostilidad, agresión, negligencia) o la ausencia de calidez afectiva en la relación padres-hijos, se encuentra asociada a siete tendencias conductuales y de personalidad: conductas de hostilidad, agresión o dificultades en el manejo de estas emociones, auto-estima negativa y auto-concepto negativo.
Estas tendencias conductuales constituyen lo que en esta teoría se denomina desajuste psicológico. A partir de lo expuesto, se ha logrado demostrar la importancia de la calidad de la relación padres-hijos, como variable predictiva del ajuste psicológico en individuos de todas las culturas.










