La lectura, una actividad compleja

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

La lectura es más que una simple actividad de decodificación, si se le entiende no como un proceso mecánico en el que primero se aprende a identificar y nombrar bien cada una de las letras para luego, al unirlas, pensar qué dicen; sino como un proceso en el cual el lector, a medida que se enfrenta al texto escrito, va construyendo el significado intentado por el escritor utilizando para ello, tanto los conocimientos que posee sobre el tema y las pistas que le brinda el texto, como una serie de estrategias y operaciones mentales que pone en marcha al leer.
La lectura encierra pues, una serie de operaciones indispensables para la elaboración del significado, tales como: reconocimiento de la información, relación de dicha información con la almacenada en la memoria semántica del lector, activación de los significados semánticos, realización de distintos tipos de relaciones entre las partes del texto, construcción del significado global o macroestructura, entre otras. Todas estas operaciones intelectuales, hacen de la lectura una actividad compleja. Si se piensa en la complejidad de la lectura, se puede deducir que su aprendizaje también lo es. Aprender a leer es algo más que adquirir un sistema de representación e implica la capacidad para usar el lenguaje de manera más consciente, deliberada, formal y descontextualizada.
En la literatura referida a los problemas de aprendizaje de la lectura y la escritura, existen diferentes afirmaciones; una de ellas sostiene que algunos niños tienen deficiencias perceptivas que les ocasiona problemas para diferenciar símbolos simples como b y d, y la consiguiente elaboración de las reglas de correspondencia entre fonemas y grafemas, lo que se interpreta como confusiones entre los símbolos y/o alteraciones en el reconocimiento, lo cual incide en la falta de fluidez. Al hecho de que los niños se confundan en muchas y variadas correspondencias entre letras del alfabeto y los sonidos componentes de las palabras habladas, se le atribuye como causa un defecto en la habilidad para discriminar los sonidos del habla. En estos casos, se supone que los niños carecen de conciencia fonológica, lo cual es falso, porque el hecho de que el niño no pueda producir algunos sonidos, no significa que no los identifique. Las personas no tienen necesidad de identificar y clasificar las letras individuales para comprender las palabras, sino que al ver la palabra escrita se alude directamente al significado.
Por lo anterior, es fundamental no reducir la enseñanza de la lectura a la identificación de sonidos, ni convertir la enseñanza de la escritura en sonidos, porque de esta manera no se ayuda a clarificar su significado. Una segunda explicación, atribuye los problemas de lectura y escritura a las deficiencias del lenguaje oral, al cual recurren los niños al escribir, pues su dominio supone el darse cuenta de que los grafemas representan categorías de sonidos y eso es realmente complicado…

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