Liberación del arte infantil
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
La inclusión del arte en el ámbito educativo y la consecuente acuñación del concepto y de la significación de la educación artística como disciplina escolar, han dado siempre en el dominio público interpretaciones que deben corregirse con energía.
La educación artística significa educación en virtud de una actividad plástica, nunca la preparación profesional para el arte del niño o del adolescente. No es esta la aspiración artístico pedagógica de las escuelas primarias y medias de los países adelantados. Tampoco se pretende menospreciar la gran distancia que media entre la creación infantil y juvenil y las obras del gran arte de madurez, nacidas bajo otra circunstancia.
Tanto los pedagogos responsables como la juventud, no deben olvidar nunca esta fundamental diferencia jerárquica. Constituyen las fuentes principales de peligro en la enseñanza del arte: el remedo superficial de las formas expresivas del arte tanto histórico como moderno, la proclividad a la rutina y la habilidad en la manipulación externa de técnicas efectivas; sin embargo, es indudable que las pinturas fuertemente expresivas, así como los dibujos con frecuencia conmovedora de los niños, son portadores de valores plásticos y estéticos que a veces provocan el asombro y la admiración de los adultos.
Respecto a esta participación de lo artístico en las creaciones infantiles, decía Herbert Read que “la liberación del arte infantil se inició con el reconocimiento por parte de educadores y de filósofos, de que existe algo a semejante a un arte infantil que en su especie es tan peculiar o especifico como el arte de los pueblos primitivos”. De ello resulta que muchas observaciones verificadas por los antropólogos en relación con el arte de los pueblos primitivos, pudieron encontrar aplicación indudable en el arte infantil.
En este sentido, se comenzó por estudiar el arte de los niños, no como débil inquietud infantil por remedar la expresión plástica de los adultos civilizados, sino como forma expresiva directa y espontánea del mundo racional. Pero junto a estos valores estéticos puros, se encuentran sobre todo los valores humanos y los educativos que hoy gravitan en el centro de las preocupaciones formativas.
Porque en este mundo poseído por la técnica y amenazado por el materialismo, se alza siempre el agudo interrogante de la liberación de las fuerzas creadoras entrañadas en el hombre y opuestas al proceso de la mecanización. Se trata de un problema pedagógico que no sólo afecta a la enseñanza, sino que, proyectándose sobre las escuelas de formación profesional, escuelas técnicas de grado medio, campamentos de vacaciones, etc., interesa tanto a la educación juvenil como a la formación de los adultos.










