Algunas consideraciones sobre la violencia filioparental
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
La violencia ejercida por los hijos sobre sus padres (VFP), ha pasado en pocos años de ser una realidad residual a convertirse en un problema de primera magnitud, por su creciente incidencia.
El hecho de que la familia siga siendo el más importante agente de socialización, supone para muchos entender la VFP como una evolución de situaciones familiares de alto riesgo, en las que menores que han llegado al límite necesitan escapar de un estado de tensión emocional prolongado o bien hacerse con el poder en contextos familiares degradados, en los que los padres se ven incapaces o no han querido llevar el control.
Parece impresionar en estas familias un clima adverso, estilos parentales inadecuados junto a métodos restrictivos para mantener la disciplina, un perfil patológico de los padres y relaciones a menudo conflictivas entre ellos y con los menores. A continuación, se presentan algunas consideraciones derivadas de diversos estudios:
a) En padres víctimas de VFP, se evidencian modelos de crianza con estilos que pueden calificarse de permisivos, autoritarios, sobreprotectores, negligentes o inconsistentes, manejo inadecuado de pautas y normas de disciplina, prácticas hiperprotectoras, incapacidad para establecer límites y consecuencias, o bien lo contrario: excesivo control que se materializa en estrategias punitivas basadas en el castigo físico y modeladoras de respuestas agresivas.
b) Si muchos estudios han encontrado que el ambiente positivo es un factor protector que previene la VFP, los resultados indican que los adolescentes incursos en VFP pertenecen a familias que tienen un clima adverso. En lo que respecta al clima, este parece estar caracterizado por un elevado nivel de conflicto, un bajo nivel de cohesión y presencia de violencia marital.
c) En cuanto a la vinculación, la comunicación y los modelos del apego, los estudios señalan que muchas madres muestran tasas más bajas de conducta prosocial y mayores conductas aversivas, provocando en el hijo una serie de encadenamientos instruccionales del tipo orden-oposición-orden-oposición, que favorecen secuencias hostiles en la díada madre-hijo. Por otro lado, los adolescentes agresores relatan que sus progenitores los rechazan, lo que parecería indicar un débil vínculo paternofilial, una peor comunicación y una falta de conexión emocional entre padres y adolescentes, al igual que déficits de habilidades sociales para encarar los conflictos en los primeros.
d) Desde las teorías del aprendizaje, se habla de una tendencia legitimadora de la agresión y de transmisión de pautas de violencia, explicándose la VFP como efecto de una victimización indirecta con intercambio de pautas agresivas entre los cónyuges, falta de autocontrol en las figuras parentales o bien como retaliación (revancha) de las agresiones sufridas por los hijos (victimización directa) a manos de unos padres abusadores. En este sentido, puede decirse que en su mayoría, dichos sujetos han sufrido u observado experiencias de violencia intrafamiliar y por ello la agresión a sus padres, es decir: se demuestra la bidireccionalidad en este tipo de violencia.










