Voluntad, intenciones y razones
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas lcalderó[email protected]
La concepción de la voluntad débil basada en intenciones puede dar por sentado que una persona se ha sujetado a su voluntad. Independientemente de qué se entienda exactamente por voluntad, parece ser intuitivamente obvio considerarla un estado mental (o un conjunto de estados mentales) que expresa entre otras cosas que la persona en cuestión está “detrás” de ese estado y que, por consiguiente, es autora de dicha voluntad. Además, tiene la tendencia a actuar en conformidad. La intuición respecto de la autoría se entiende por medio del compromiso característico de las intenciones.
Las intenciones son actitudes que implican que la persona que tiene una intención se ha obligado con lo que tiene proyectado. Por ello, las intenciones suelen ser equiparadas con frecuencia a las decisiones. Quien se compromete parece querer esto realmente y apoya su decisión. Precisamente en esto es en lo que se diferencia la voluntad de una persona de sus meros deseos. Este compromiso, en cuanto intención, alberga al mismo tiempo los componentes motivacionales necesarios para la voluntad. Quien tiene la intención de algo se compromete a llevar a cabo lo proyectado. Las intenciones motivan de manera directa e implican una convicción de que la persona las llevará a cabo. Y lo hacen en la medida en que la persona deja de tomar en cuenta otros motivos que subvertirían la realización y elige, al mismo tiempo, los medios correspondientes para llevar a cabo su intención.
De esta manera pueden controlar la acción de la persona incluso a largo plazo y se oponen a un nuevo examen por, relativamente, largo tiempo. De este modo, las intenciones disponen de la estabilidad necesaria, en contraste con las otras actitudes de una persona e incluso en contraste con su propio proceder. Estos rasgos naturales de las intenciones explican por qué ellas representan mejor la voluntad de una persona que los juicios acerca de lo mejor, y por qué hacen justicia en forma más adecuada al fenómeno, típico de la voluntad débil, de la irracionalidad que se cuela diacrónicamente.
Localizar el peso normativo de las intenciones en sus rasgos naturales equivaldría, sin embargo, a cometer una falacia naturalista. Se requiere, de condiciones de racionalidad específicas a las que subyazcan intenciones. Sólo así se puede mostrar cuándo la infracción de una intención representa un error racional sin que la intención misma sea por ello anulada.
La teoría de la voluntad débil de Richard Holton, basada en intenciones, ha aportado en gran medida a una comprensión más diferenciada del fenómeno. Ella se extiende muy poco, sin embargo, en relación con las condiciones de racionalidad de las intenciones…
Continuará.










