El amor: ¿componente de secularización y pérdida del sentido de la trascendencia?

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]

En los dos últimos siglos, el amor ha sido un componente fundamental en el proceso de secularización y pérdida del sentido de la trascendencia, al proporcionar la cohesión social y el sentido de pertenencia, reforzado esto con el surgimiento de la vinculación entre amor y matrimonio y la demarcación de las esferas pública y privada. De esta forma, los antiguos lazos comunitarios se diluyen y la familia se convierte en un espacio cargado de sentimientos, para lo que se da también una cierta domesticación de la sexualidad.
Y es que se vive en una organización social que ubica de forma diferente, desigual y jerárquica a hombres y mujeres, lo que influye de forma decisiva en la conformación de la subjetividad de muchas mujeres. Si se entiende el concepto de subjetividad, como el modo en que las mujeres internalizan, actúan y reproducen un conjunto de valores y actitudes a través de las cuales contribuyen a perpetuar esa situación de desigualdad respecto a los hombres, se hace imprescindible el análisis no sólo de las condiciones externas de dicha desigualdad, sino profundizar en cuáles son las condiciones internas que a la vez que potencian la hegemonía masculina, favorecen la subordinación de las mujeres.
Tanto niñas como niños sufren privaciones y censuras continuas respecto a determinados deseos y necesidades, que resultan bien cohibidos o inhibidos en mayor o menor medida, en tanto que otros devienen forzados o reforzados, mediante reiteraciones de diversa índole, conducentes a hipertrofiar determinadas características, orientadas en sentido antitético (dimórfico), pero acordes con los modelos mayoritarios y socialmente asignados, so pretexto del sexo biológico.
Estos elementos de la conformación de la subjetividad de las mujeres, promueven el desarrollo de un sistema de valores que hace surgir deseos específicos en ellas: la creación del ideal maternal como ideal constitutivo de su subjetividad y el deseo maternal como deseo fundante de la feminidad. Apareciendo un poder legitimado: el poder de los afectos.
La adscripción al poder afectivo llevará a las mujeres a establecer un tipo de relaciones íntimas que van a convertirse en la principal fuente para construir sus identidades; relaciones entre dominados y dominadores que se define como afiliación servil. Servil en la medida que el interés de las mujeres no giraría alrededor del conocimiento de sus propias emociones, necesidades o intereses, sino en el descubrimiento de las necesidades de los otros, creyendo que en la medida que atienda lo que los otros necesitan, va a tener garantizado su amor

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