• Spotify
  • Mapa Covid19

Horizonte educativo

Amor y voluntad: encuadre perfecto

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas lcalderón2009@hotmail.com

La tendencia a incluir el amor en la voluntad, es tan antigua como la filosofía misma. En efecto: Platón y Aristóteles, vincularon el amor a la voluntad y como entendieron que esta potencia es deseo, consideraron -por contraposición al intelecto- imperfectos tanto a la potencia como a sus actos. Pero no se trata sólo de una directriz filosófica ancestral, sino que reaparece a lo largo de la entera historia del pensamiento de occidente, incluso en sus cimas más señeras, como fue el caso, por ejemplo de Tomás de Aquino, quien también vinculó el amor a la voluntad.

En efecto, muchos de los pensadores de los siglos XX y XXI sostienen que el amor pertenece a la voluntad y esto independientemente de la corriente de pensamiento en la que se suelan encuadrar (existencialismo, realismo, personalismo…), o de que sean filósofos o teólogos. Algunos de sus célebres defensores se expondrán a continuación:

*Blondel. Para este exponente, el hombre -que es acción- se abre a los demás de dos modos: queriendo las acciones transitivas de ellos (coactuando con ellos); y queriendo su voluntad, su afecto, es decir: su acción amorosa. Así se da lugar a la amistad y, por encima de ella, al amor electivo, exclusivo, de un tú, un don que se entrega y que se recibe, que es acción y pasión, y que es cognoscitivo, porque solo es conocido el sujeto querido.

*Nédoncelle. Consideró el amor desde dos puntos de vista: desde el fenomenológico, el amor es un acto psíquico y un comportamiento; desde el metafísico, es una realidad espiritual e íntima a la persona. Para este pensador francés el amor es interpersonal, pues versa sobre personas y es recíproco. Se enraíza en las facultades espirituales del hombre: inteligencia, voluntad y sentimientos.

*J. Pieper. Describe el amor como aceptación de la persona amada, no solo de sus cualidades, pues se la quiere también con sus debilidades, aunque no con sus defectos culpables, ya que se deben advertir en orden a corregirlos, lo cual conlleva desear que una persona esté en el bien y la verdad.

En la revisión de estos autores se pueden resumir tres inferencias: Los autores sostienen que el amor radica en la voluntad; que el amor es más bien un acto pero también, una virtud –la amistad– de esa potencia.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.