Inmuno-Corona Sugerencias

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Dr. Jorge Alberto Rincón Acebo Tuxtla Gutiérrez, Chiapas

OLIVIA
Su llanto disipó el maleficio de la comadrona, su infancia pasó entre caminos y risas de aves silvestres, en su adultez intentó germinar la semilla de su simiente, no hubo respuesta, se cumplió la maldición estéril de los genes, convirtiéndose desde entonces en una madre con muchos hijos sin parir uno solo.
A su sombra vinieron aves diversas que alegraron su estancia, desbordadas risas infantes ahuyentaron sus penas, cuando el dolor ajeno corrió por sus venas, sus manos dadivosas encontraron el antídoto, sus pies caminantes, su corazón amante, calmaron ansiedades, desdichas y hambre.
Dios no abrió su matriz, abrió su alma.

SÓCRATES GALENO
Sus padres plantaron raíces junto a las estrellas, donde los ángeles reían para espantar a los demonios que husmeaban del momento aquella prosperidad. Creció entre el aroma de los cafetales a los que regresaba cada vez que podía, para coadyuvar la esperanza tangible de su vocación. Estratega innato, se enroló como soldado militante en la política social, entre su añoranza anhelaba legislar con equidad las leyes constitucionales y sanar la brecha enorme de ingobernabilidad que había en su tierra natal. Regresó años más tarde para dirigir de la sierra al valle, el municipio de sus amores, en tiempos intranquilos y de contrarios vientos, unió al clan, como buen caudillo estabilizó la paz y creó una nueva era de libertad cuando fue en su pueblo alcalde municipal. Aún se le ve regresando o partiendo para seguir enseñando y cultivando ideales; ya sea en las aulas o a campo abierto, como buen maestro.

Con cariño entrañable y admiración a la vida política del profesor, Sócrates Galeno Rivera Roblero. Chiquinillal, Chiapas, México; a 24 de noviembre de 2018.

ALMA BLANCA
De donde los hombres y mujeres amanecen entre un concierto mágico de pájaros, de voces celestes y la luna embellece con sus rayos de luz la floración de los cafetos, nació en diciembre una flor de alborada, con fragmentos de luz de luna entre sus ojos y su risa suave de traviesa ninfa. Desde niña aceleró el ritmo de muchos corazones. Cuando se convirtió en mujer, la luna y las estrellas brillaron juntas en sus ojos y su piel, y el encanto de la navidad adornó el invierno de cada estación.
Desde que fue una dama siempre ha tenido el alma blanca, como su nombre, al servicio del prójimo. Cultivó de su vientre cinco girasoles y los ha regado hasta con lágrimas en tiempo de adversidad, hasta germinar de ellos un campo de pequeños soles. Yo no sé cuándo el dolor marchite el encanto de su abnegado corazón, hoy solo me detengo a mirar la belleza de la vida a través de su ejemplo y dedicación.

Del libro: ROSTROS.

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