JOHN LENNON,THE BEATLES YYOKO ONO

José Natarén
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Casi un cuarto de siglo desde el asesinato de Lennon. El 8 de diciembre de 1980, es tal vez la fecha más recordada del calendario Beatle, la marca de la imposibilidad absoluta de verlos tocar de nuevo (aunque no de escuchar “nuevas” grabaciones de la banda, como quedó claro en 1995 y 2023, con “Free as a Bird” y “Now and Then”). Sin The Beatles no podría comprenderse el desarrollo del rock, una manifestación cultural que, a partir de la música, se despliega o mejor dicho, interactúa con la literatura, el cine, el diseño y que forma parte de la banda sonora de personas de todas las edades en todo el mundo.
Evocando a Ortega y Gasset, podemos decir que John Lennon fue él y sus circunstancias, un yo en conflicto, aquejado por la genialidad, el temperamento no precisamente pacífico y notas biográficas de principio que determinaron el curso de sus relaciones con el mundo (aquí cabe recordar que infancia es destino, como precisó el psicoanalista Santiago Ramírez Sandoval). Por supuesto que John no sólo es Julia Stanley y Alfred Lennon, ni los tíos Mimí y George Smith. Por supuesto que tampoco es justo decir que John fue sólo The Beatles o Yoko, Sean y Julian; ni Cinthia Powell, Brian Epstein, George Martin, Elton John, Harry Nilson o Ringo Starr, Phil Spector ni Mark David Chapman.
No es sólo la familia, los mentores, los amigos ni los ángeles del exterminio. El yo de Lennon fue para sí, en el mundo, entre lo inconsciente y la cultura; y fue en sí, John, John O’cean, Winston O’ Boogie y por asunción, fue John Ono Lennon: “I just believe in me, Yoko and me”. Aunque no del todo… como durante el fin de semana perdido (entre 1973 a 1975), cuando tuvo por novia a la joven May Pang, bajo la supervisión de Yoko. El pacifista, el solidario con las luchas sociales, el activista, el cantor de la clase trabajadora, mostró lo insoportable y loco que puede ser alguien. Ello enriquece la visión que tenemos del músico, como un ser humano, demasiado humano. Al final, el amor que te llevas es igual al amor que diste… más allá de aciertos y errores.
Es un lugar común -y muy burdo- decir que Yoko Ono separó a la banda más famosa de Liverpool. Ya en noviembre de 1969, Macca anunció la disolución en la revista Life. (Mucho abonó al descontento de todos el trabajo de producción y la presencia de Phil Spector, tan responsable como Yoko por ello). El 10 de abril de 1970, los diarios anunciaron su salida del grupo y fue el primero en lanzar su primer disco en solitario. En esos meses, Paul se vio en la necesidad de demandar para disolver el negocio de sociedad del grupo, para preservar los derechos sobre su propia música, del poder del mánager Allan Klein -quien no lo respetó durante la producción de Let it Be- acusado, por cierto, de malos manejos, además de incitar a John contra Paul.
La dupla de compositores más importante del siglo XX no se aguantaba; por carácter, vanidad, soberbia, competencia, susceptibilidad. Y si agregamos un Harrison cuyas canciones se acumulaban y que terminaron conformando su impecable disco debut -triple-, el de los “duendecitos”. Simplemente, el sueño había terminado.

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