Romeo Duvalier Peña Román
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas
Una tarde, de visita en San Cristóbal de Las Casas con el tío Agustín Duvalier, en un café del centro histórico, revisando y corrigiendo textos, de pronto ve unos poemas y pregunta: ¿De quién es?, están bueno son míos, tenía un nombre, me dijo, tu poemario se llamará “Los cantares de agua”, hace algunos años mi papá me platicó que el poeta y periodista José Falconi, revisando sus poemas le dijo que lleve por nombre “Canto a la vida”, nos obsequió los libros de este gran poeta.
José Falconi Castellanos, nació el 20 de febrero de 1992 en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas y falleció el 25 de enero de 1970, en Poza Rica, Veracruz. Hizo sus estudios profesionales en la Escuela Normal Superior, en la Ciudad de México. Colaboró como reportero en la agencia Informex, diarios y revistas Zócalo, La Prensa, El Heraldo de México (fue uno de sus fundadores), Mañana y Continente. Falleció en un accidente de aviación durante la cobertura, para El Heraldo de México, de la gira presidencial de Luis Echeverría Álvarez. Su obra periodística, de contenido político, se encuentra dispersa en los diferentes medios en los que colaboró.
Notas sobre la poesía de José Falconi
(Armando Duvalier)
Hace más de 20 años conocí a José Falconi cuando volvió a la tierra bien amada. Dirigía el gobierno del estado un hombre sencillo y culto, el general e ingeniero Francisco J. Grajales, que se convirtió en mecenas de los escritores chiapanecos. Por mi parte, siendo jefe del departamento de Prensa y Turismo, tuve que intervenir en la impresión del primer libro de Falconi, lo cual hice como una agradable tarea que momentáneamente me liberó de las rutinarias labores burocráticas.
Cuando Falconi me presentó los originales de su libro, vi que el nombre con que deseaba bautizarlo no tenía ninguna relación con la temática, por lo que días después de discutir amistosamente el título, aceptó uno de tantos que le sugerí: “Canto a la vida” (12 poemas, editado por el departamento de Prensa y Turismo, Tuxtla Gutiérrez, 1950), nombre de uno de los mejores poemas del libro, el cual se terminó de imprimir el 31 de enero de 1950 teniendo en la carátula una viñeta de Humberto Maldonado.
Es difícil hacer la crítica literaria de un poeta amigo -lo mismo que la exégesis- y por lo tanto, los siguientes conceptos no pretenden ser un estudio literario, sino decir lo que he visto al asomarme por un instante a contemplar un hermoso panorama poético.
Literariamente tuvo dos periodos y aunque el segundo contiene elementos que evolucionaron a través del arte -lo que demuestra su personalidad- ambos están perfectamente delimitados. El primero lo representa Canto a la vida y el segundo, su tercer libro: Causes.
Falconi vivió varios años en México, en una época agitada por un torbellino de escuelas y sistemas poéticos a cuya influencia no escapamos ninguno de los que nos iniciábamos en las letras. Pero Falconi, fiel a sí mismo, resistió a las más sugerentes tentaciones.
Como todos los que nacimos en provincia, indudablemente que asimiló el pensamiento de la escuela modernista que fundió al romanticismo, simbolismo y parnasianismo en un haz rico en filones de poesía; pero desechó los elementos formales de esta escuela, pues los poemas de su primer periodo poético carecen de cantidad y rima brillante, pero en cambio, continuó la temática del romanticismo. No por imitación, sino porque era un emotivo por excelencia. Su verso es irregular, ágil sencillo, sin adjetivos relumbrantes, propios para expresar emociones y pensamientos en forma lógica.
La mayor parte de poemas de Canto a la vida corresponde a su primera juventud, pues en ellos están presentes los temas subjetivos tratados en forma romántica, que vale decir tanto como vigente, pues ya el maestro de Cantos de vida y esperanza lo había dicho: “¿Quién no es romántico?”, puesto que el sentimiento de hondas raíces es propio sea un verdadero artista, como Falconi; quien tenga un espíritu delicado, no puede dejar de estremecerse ante el crepúsculo o es tanto en medio del otoño.
Hace unos tres años me dijo haber renunciado a la poesía, a lo cual contesté con una sonrisa, porque no era verdad. Sabemos que ella es la flor de un sentimiento innato y que su expresión no es deporte, sino una necesidad espiritual. Y Falconi fue un hombre privilegiado, porque fue poeta.
En Chiapas, las instituciones culturales, le deben un gran homenaje a la obra de este poeta.
Fundación
Armando Duvalier A.C.










