Sabinal testigo de nuestra historia
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
El Río Sabinal es testigo de nuestra historia desde los primeros asentamientos zoques, quienes encontraron en un valle prodigioso la mejor opción para vivir, teniendo a la mitad un hermoso río que llamaron Quistimbak.
Un río de aguas cristalinas que creaba pozas ideales para disfrutar y agradables sombras originadas por los frondosos árboles de sabino que crecían altivos en su ribera e incluso dentro de su cauce.
A los árboles de sabino se les conoce también como ahuehuete, que es considerado como el árbol nacional de México; en zoque, se le conoce como Tixincuy.
No se sabe a ciencia cierta cómo se llamaba esa aldea que construyeron los antiguos zoques, pues no existen registros.
En tiempos recientes algunos la llamaron Coyatoc, término zoque que significa “lugar de conejos”, el cual es una traducción del náhuatl “tuchtlán”, que tiene el mismo significado.
Se cree que, a su llegada, los mexicas identificaron el lugar con el nombre de “tochtla”, por la abundancia de conejos que observaron en el valle.
Durante la colonia, alrededor de 1560, Fray Antonio de Pamplona, proveniente del convento dominico de Tecpatán, llegó a fundar el pueblo español nombrándolo San Marcos Tuxtla.
Así, a lo largo de los siglos, el río ha estado presente en el centro del valle, siendo el orgullo de sus habitantes, hasta que a mediados del siglo XX se perdió esa percepción, ante el embate de una errónea idea de la modernidad que nos llevó a la indiferencia, a darle la espalda e incluso a denostarlo.
Recientemente, hemos vuelto a mirar a nuestro río con los ojos de nuestros antepasados, para valorarlo y rescatarlo con varias acciones y obras recientes.
Sobre esto hablaremos más adelante; que será su nueva historia.










