La crónica hablará por Chiapas

El Río Sabinal

Aún quedan los recuerdos

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Las personas adultas mayores, aún recuerdan que el Sabinal era un río de aguas claras con corriente todo el año, que ofrecía hermosos paseos para la familia, sobre todo en sus numerosas pozas como: la de Juy juy, Los coyolitos, El sabinito, Tronco viejo, De los gigantes, De los enanos, De las hembras, Del cura, Los amates, El rastro, La escondida, Enladrillada, entre otras.
El río era el límite de la ciudad sobre el norte, del otro lado se cultivaban maíz, frijol, plátano, maguey, caña, verduras, flor de musá, rosas, nardos, flor de seda y otras. Además de plantas comestibles que se daban en forma natural, como el chipilín, la flor de cuchunuc, bledo, yerbamora y moní.
Además de sabinos, crecían árboles de mango, pochotas, aguacate, nance, cupapé, jobo, caoba, cedro, matilishuate, guanacastle, huizache y amate. Proliferaba una amplia variedad de fauna, como conejos, ardillas, tlacuaches, culebras, armadillos, iguanas, codornices, zanates, palomas, zenzontles, cotorras, etc.
La siguiente descripción nos ilustra muy bien cómo se observaba el río a mediados del siglo XX:
“Después de una caminata de un kilómetro aproximadamente, en ocasiones casi llegaba a los dos, las personas mayores se sentaban a descansar y a buscar un lugar adecuado para comer. Mientras tanto las jóvenes se ponían sus camisones o sus recatados trajes de baño y se lanzaban al agua para refrescarse de inmediato, pero procurando zambullirse lejos de donde los hombres se bañaban.
Al mediodía después de que tanto los mayores como los jóvenes y chiquillos habían estado jugueteando alegremente en el agua, saliendo de ella solo para tomar un vaso de pozol, tascalate o pinol, se disponían a comer en medio de bromas y risas producto del buen humor que les proporcionaba el descanso y la fresca sombra del lugar, los hombres mayores tomaban cerveza o unos tragos que casi siempre eran de comiteco” (1).
Nota:
1.Montiel, Gustavo. Tuxtla de mis recuerdos, p. 125.

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