La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo
Marco A. Orozco Zuarth. [email protected]
Cada año, del 4 al 23 de enero, Chiapa de Corzo se viste de colores, música y tradiciones ancestrales en la que se conoce como la Fiesta Grande, una celebración que trasciende el tiempo y une a todos los habitantes en un solo canto, un solo paso, una sola fe. Esta fiesta, que honra al Señor de Esquipulas, a San Antonio Abad y a San Sebastián, es un claro ejemplo del sincretismo cultural que define a la región, una fusión de las raíces indígenas y el cristianismo que nació en el siglo XVII, pero que aún late con fuerza en las calles de este mágico pueblo chiapaneco.
Desde el primer día, la ciudad se llena de música y danza. Los Parachicos, danzantes emblemáticos de esta celebración, recorren las calles con su característico traje: máscaras de madera, monteras, sarapes de colores y los inconfundibles chinchines, pequeñas sonajas que se entrelazan con los ritmos de pito y tambor. A la cabeza de la danza, “El Patrón” lleva la responsabilidad de guiar a los demás danzantes, tocando la flauta y entonando alabados mientras los demás responden con vítores. Este patrón no solo es un líder, sino un guardián de la tradición que perpetúa los rituales que, por siglos, han acompañado la fiesta.
El recorrido de los Parachicos es un acto de devoción y homenaje a los santos, pero también a la historia de la comunidad. Desde las iglesias hasta los altares en las casas de los priostes, el paso de los danzantes es una forma de mantener vivas las costumbres que dan identidad a Chiapa de Corzo.
Las enramadas adornan las casas, el aroma de la comida tradicional llena el aire, y en cada esquina se sienten los ecos de un pasado que sigue vivo en cada paso, en cada zapateado.
La Fiesta Grande no solo es una celebración de lo religioso, sino también de lo comunitario. La tradición se transmite de generación en generación, desde los niños que imitan a los adultos, hasta los artesanos que siguen creando las máscaras con la misma técnica ancestral, tallando la madera, secándola y ornamentándola con manos expertas que saben que están tejiendo no solo arte, sino también memoria…
Continuará.










