ODA A ÁNGEL ALBINO CORZO
Marco Antonio Orozco Zuarth [email protected]
Ángel Albino Corzo,
columna de Chiapas,
estandarte erguido del Sur,
Tu nombre resuena
como el eco de un trueno
en los valles y montañas
de una patria herida
que ansiaba justicia.
Llevaste en tu pecho
el pulso de un pueblo
que soñaba con el alba
de igualdad y esperanza.
Fuiste espada en la lucha
escudo contra el destino,
voz que enfrentó al imperio
y al clero, que desde la sombra
dictaba las cadenas de los hombres.
En la tierra fértil de Chiapas,
donde los ríos murmuran historias,
defendiste las Leyes de Reforma,
esas semillas de libertad
que crecían entre espinas y sangre.
Expulsaste a los tiranos
que vestían sotanas de privilegio,
y proclamaste la soberanía
del hombre sobre su porvenir.
En la tormenta de la Guerra Civil,
cuando las balas cargaban ideologías
y los aliados se tornaban traidores,
te alzaste como un pilar de firmeza.
Hiciste prisionero al déspota
José Pantaleón Domínguez,
cuyo mandato arbitrario
era una daga contra el corazón del pueblo.
Tu acto fue justicia,
pero sembró la semilla amarga
de una enemistad incesante.
Fuiste padre y gobernador,
líder y perseguido.
Cuando la sombra de la venganza
cayó sobre tu casa,
cuando la sangre de tu hijo Donato
manchó los campos de Nucatilí,
no bajaste la mirada.
Huiste con dignidad,
no por cobardía,
sino para preservar la llama
que un día volvería a arder.
En el exilio,
entre los caminos olvidados
de Guatemala y Puebla,
el dolor fue tu compañero.
viste a tu hija Amada sucumbir a la locura,
testigo de las cicatrices
que la historia deja en sus héroes.
Ángel Albino Corzo,
fuiste el río que nunca dejó de fluir,
ni la corriente se tornó adversa.
Luchaste contra la intervención extranjera,
alzando la Bandera Republicana
en un México desgarrado.
Tu voz y tu acción fueron un faro
para los que creían
que la libertad era un derecho,
no un privilegio.
Y cuando llegó tu último aliento
en la ciudad de Chiapa,
el viento murmuró tu nombre
a la Ceiba y al Río Grande,
y la Pila lo guardó
como un juramento eterno.
En la plaza reposan tus restos,
pero tu espíritu sigue caminando
en los senderos de la historia.
Hoy, te llamamos Benemérito.
De Chiapas, de Tabasco, de Campeche,
de los hombres y mujeres
que soñaron con un México libre.
Chiapa lleva tu nombre
como una corona de gratitud,
y la Estatua en el Paseo de la Reforma
Te inmortaliza en piedra,
pero también en memoria.
Ángel Albino Corzo,
héroe aún ignorado
en su verdadera grandeza,
esta oda, apenas un suspiro,
intenta abrazar tu grandeza,
Un canto humilde para un gigante
que, con sacrificio,
tejió su amor
a la tierra y a la gente que defendió.
Hoy, tu nombre brilla con fuerza perpetua,
se alza como un faro, eterno e indomable.










