José Luis Castro: Una ciudad que respira tu nombre
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
José Luis camina todavía por Tuxtla. Sus pasos dejaron huellas invisibles en los barrios, plazas y fachadas que guardan historias. La ciudad conserva esas sombras como un cuerpo que recuerda cada instante vivido. En el parque Central, entre murmullos de eventos, en el Sabinal que resiste, en el pozol compartido, se siente su presencia: un puente que nos conecta con su mirada y su amor por la ciudad.
Como cronista, convirtió la historia en espejo vivo. Cada calle y cada fiesta se transformaban bajo su mirada en piel de la ciudad, en pergaminos que enseñan y enlazan generaciones. Sus Bosquejos Históricos de Tuxtla, abren ventanas donde las voces del pasado respiran, recordándonos que la historia siempre nos atraviesa.
Como poeta, alzó faros en la oscuridad y libros que flotaban como barcas sobre ríos invisibles de plazas y barrios, enseñándonos a mirar lo cotidiano con atención y emoción. Su voz llenó de palabras las grietas de los días pasados, dejando un murmullo de eternidad en lo efímero.
Como archivista y docente, atrapó el tiempo y lo volvió materia; cada documento, cada taller, cada conversación, era chispa que encendía la memoria y antorcha que iluminaba caminos por descubrir. Su legado vive en nosotros, en la ciudad que nos enseñó a mirar con cuidado y amor, y en cada corazón que aprendió a no olvidar.
Mientras lo recordemos, cada plaza, cada calle, cada archivo, respira con su nombre.
José Luis camina todavía entre nosotros, iluminando el camino de quienes aprendemos a ver, sentir y narrar la historia que somos.










