“Los que cruzan”
A los migrantes
Marco A. Orozco Zuarth [email protected]
No traen armas,
traen manos.
No cruzan líneas rojas,
sino líneas imaginarias
dibujadas por quienes nunca han sentido
hambre ni frío en la lengua.
Van con los pies partidos,
los huesos memorizando kilómetros,
el nombre de sus madres apretado en la boca.
Son los que levantan el país ajeno
y no pueden mirar de frente
al guardia que los escupe.
Aquel muro no es concreto,
es desprecio.
Un alambre de púas no separa países,
sino voluntades:
quien encierra al otro
ya está preso en su propio miedo.
Trump no inventó el odio,
solo le puso nombre,
firmó decretos como quien arroja piedras
desde un trono hecho de mentiras
y banderas mal dobladas.
Allá, en el campo,
una mujer mexicana cosecha frutas
que no puede llevarse a casa.
Sus dedos están más cerca del pan
que de sus hijos.
No son ilegales.
Son elegidos por la pobreza.
El sistema los prefiere invisibles:
limpian hoteles,
recogen cadáveres,
construyen imperios que los detestan.
Sin embargo,
no dejan de cantar en voz baja
la canción que sus abuelas les enseñaron:
una ranchera hecha oración,
una promesa de regreso
que no sabe cuándo cumplirse.
El idioma no los borra,
la frontera no los parte.
Son más México, más que los que nunca salieron,
más dignidad que los discursos
de aquellos que jamás sembraron
ni una duda.
La patria también es eso:
la herida que camina,
el acento que sobrevive,
la nostalgia como bandera
y el aguacate escondido en la mochila
como una carta secreta.
No piden perdón.
Exigen justicia.
Y aún con las botas rotas,
siguen avanzando,
porque saben que la tierra prometida
es la que llevan dentro.
Marco Antonio Orozco Zuarth
* Poema leído en el XI Festival Mundial de Poesía San Cristóbal. 2025.










