La crónica hablará por Chiapas

Chiapas y el latido del haiku

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Cultivar el haiku en Chiapas es una forma sutil y profunda de reconciliar la palabra con la naturaleza. En un territorio donde la selva, la montaña, el río y el maíz marcan el ritmo de la vida cotidiana, el haiku encuentra un suelo fértil para florecer. Su brevedad no empobrece la expresión, por el contrario: la concentra, la depura y la vuelve contemplativa.

En Chiapas, el haiku dialoga con la tradición oral, con el silencio del amanecer en Los Altos, con la lluvia persistente del Soconusco, con los atardeceres de los valles centrales y con la memoria ancestral que aún se respira en los pueblos.

La práctica del haiku también representa un ejercicio de sensibilidad y disciplina poética, que fortalece la formación de nuevas voces literarias. En tiempos de prisa y saturación discursiva, el haiku invita a detenerse, a observar y a escuchar con atención plena. Su cultivo en Chiapas no solo amplía el horizonte de la poesía local, sino que la conecta con una tradición universal sin perder identidad, permitiendo que la experiencia chiapaneca se exprese desde la sencillez, la imagen precisa y la emoción contenida.

En este contexto, es justo felicitar y reconocer el trabajo de las coordinadoras de la antología Kokoro no kotoba (Palabras del corazón), Virginia Marín Corzo y Martha Elena Zambrano, quienes han sabido reunir voces diversas bajo el espíritu del haiku con sensibilidad, rigor y amor por la poesía. Su labor no solo celebra la palabra breve, sino que impulsa un proyecto cultural que fortalece la escritura, el diálogo y la contemplación poética en Chiapas, dejando una huella valiosa en el panorama literario contemporáneo.

Asimismo, expreso un agradecimiento profundo y sincero a las coordinadoras por considerarme un referente del arte del haiku en Chiapas e incluirme en la antología. Este gesto representa un honor y una gran responsabilidad, pues reafirma el compromiso de seguir cultivando la palabra breve con respeto, disciplina y sensibilidad, y de compartir este camino poético con nuevas generaciones.

Ser parte de esta obra colectiva fortalece el diálogo creativo y confirma que el haiku, enraizado en la contemplación y la naturaleza, tiene en Chiapas un presente vivo y un futuro promisorio.

Ciudad de México, a 6 de febrero de 2025

Marco Antonio Orozco Zuarth

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