La crónica hablará por Chiapas

Jaime Sabines, el cronista de las bellas palabras

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Segunda de cuatro entregas, en este: El Año de Sabines. Jaime Sabines: poeta y cronista

Sabines nació en Tuxtla Gutiérrez en 1926 y desarrolló una obra poética profundamente vinculada con la experiencia cotidiana: el amor, la muerte y la condición humana. Desde su primer libro, Horal, publicado en 1950, el poeta demostró una voz distinta dentro de la poesía mexicana: directa, emotiva y profundamente humana. Su obra continuó con títulos fundamentales como Tarumba y Algo sobre la muerte del mayor Sabines, textos que consolidaron su lugar dentro de la literatura latinoamericana y podríamos identificar párrafos de crónica poética.

A pesar de que la crítica ha enfatizado principalmente su faceta poética, Sabines también incursionó en la escritura periodística. Su estilo narrativo, caracterizado por la cercanía con la experiencia vital, le permitió trasladar su sensibilidad literaria a la crónica. Esta incursión no representa un alejamiento de su obra poética, sino una extensión natural de su forma de mirar el mundo.

El propio Sabines concebía la escritura como una forma de diálogo con la realidad inmediata. Sus textos nacían casi simultáneamente con los acontecimientos que los inspiraban, lo que les otorgaba una intensidad emocional difícil de encontrar en obras elaboradas con mayor distancia temporal. Esta característica lo acerca a la figura del cronista, quien registra los hechos desde la urgencia del presente.

Crónicas del volcán: testimonio de una tragedia

Una de las obras más representativas de Sabines dentro del género de la crónica es Crónicas del volcán, publicada originalmente en 1982 en el periódico El Sol de Chiapas. El texto relata los acontecimientos provocados por la erupción del Volcán Chichonal, ocurrida entre el 28 de marzo y el 4 de abril de ese mismo año. Este fenómeno natural causó una de las catástrofes más graves en la historia reciente de Chiapas, afectando profundamente a comunidades como Francisco León y Chapultenango.

Sabines fue testigo directo de los acontecimientos al acompañar a su hermano Juan Sabines Gutiérrez, entonces gobernador del estado, en las labores de rescate y evacuación de las poblaciones afectadas. Desde helicópteros recorrieron las zonas devastadas por la caída de ceniza, la destrucción de poblados y la pérdida de vidas humanas. Esta experiencia directa permitió al escritor observar de primera mano la magnitud de la tragedia y recoger testimonios de los sobrevivientes.

La crónica de Sabines no se limita a registrar datos o describir los daños provocados por el desastre. Su narrativa incorpora la dimensión humana de la tragedia: el miedo de las comunidades, la incertidumbre ante el comportamiento del volcán y la solidaridad que surge en medio de la adversidad. Lo que presenta Sabines no es únicamente la interpretación de un acontecimiento, sino una narración valorada de lo sucedido, en la que el autor jerarquiza los hechos desde su propia sensibilidad.

El texto se caracteriza por un lenguaje claro y cercano, alejado del estilo técnico del periodismo informativo. Sabines escribe como quien conversa con el lector, describiendo lo que observa y reflexionando sobre el significado de la tragedia. Esta mezcla de testimonio y reflexión, convierte la crónica en un documento literario que permite comprender el acontecimiento no solo desde el punto de vista histórico, sino también desde la experiencia humana de quienes lo vivieron.

Continuará…

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