La crónica hablará por Chiapas

El Collins

Marco A. Orozco Zuarth [email protected]

Un cuento (eroticón) de
Enrique Orozco González

La diligente esposa de Fulvio, vaquero del rancho “el Recuerdito”, le llevó su itacate y tres horas después el pozol.
—Vos Fulvio -le dije-, tuviste suerte con tu mujercita, se ve que te procura y te atiende.
—Sí médico, es una mujer chingona, ¡ya me dio tres hijos ya…!
Fulvio me convidó de su pozol blanco con el respectivo trozo de panela y mientras trabajábamos nos trenzamos en la platicada… bueno; él platicó, yo intervine solo con exclamaciones de admiración.
—Mi vieja es como todas las mujeres de los que trabajamos en rancho –dijo-, se levanta a las cuatro de la madrugada y una hora después me despierta con mi cafecito caliente, recién hecho. Pero ya limpió la casa.
—¿Sííí?
—Comienza a preparar el desayuno de la becerrada (hijos) y los alista pa’ llevarlos caminando a la escuela que está a un kilómetro de aquí.
—¡Nooo!
—Luego, me prepara mi itacate, mi pozolito, me lo viene a dejar y ya se está yendo a la escuela por la checherecada. Pero antes dejó lista la comida, pues a las tres de la tarde le damo en la madre a nuestros sagrados frijolitos. ¡Eso sí, las tortillas son hechas en casa a mano!
—¡Ahhh, que suerte!
—Mientras yo me echo un “coyotito”, ella le ayuda a nuestros hijito a hacer las tareas de la escuela. Luego lava y plancha la ropa. Y eso sí, cenamo temprano, pues a las nueve ya todos estamo en la cama.
—¡De seguro tu mujer, cae rendida!
—Eso quisiera yo, pero to’avia tiene ánimo de sacarle filo al Collins.
—¿Sííí?
—¡Si no cumplo, todo el día anda trompuda!
—¿Y cumplís?
—¡Acectablemente médico! La verdá, después de ordeñá treinta vacas todos los día ¡Ya no quiero tocar más chichis!

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